pamplona. Tras cinco meses de obras de limpieza y recomposición, el pasado sábado la ermita de Nuestra Señora de Zuberoa, de Garde, estrenó el restaurado retablo mayor. Las obras han estado a cargo de la empresa Artres y han supuesto una inversión de 53.000 euros, sufragados por la parroquia del pueblo roncalés y una subvención de la Institución Príncipe de Viana, del 33%.
La restauración ha consistido en la eliminación de las termitas, la recomposición de los grandes agujeros que presentaba y también de los agujeros de los cuadros del propio retablo. Finalmente, se ha efectuado una limpieza a fondo de todoe el material . "Hay que reconocer que se ha hecho un buen trabajo, tanto de restauración, como de limpieza", manifestaba el alcalde de Garde, Marcos Ureña Marco.
El sábado, a pesar de la intensa lluvia, un centenar de vecinos del valle se acercaron a la ermita situada en las laderas del monte Calveira, limítrofe con Huesca, a unos 1.000 metros de altura y más o menos, a una hora de camino del pueblo: "Esperábamos mayor participación, pero el tiempo no acompañó", expresaba el alcalde, que estuvo acompañado por el presidente de la Junta del Valle de Roncal, Agapito Boj. La misa contó con la actuación del grupo gregoriano, de Pamplona Schola Gaudeamus .
Los vecinos tienen por costumbre realizar cuatro romerías a esta ermita: en la Pascua de Resurrección, en Pentecostés, fecha elegida para la inauguración, el 8 de septiembre y el 15 de octubre.
El retablo mayor de la ermita de Zuberoa, de estilo barroco, data de 1704. Su autor, José Fernández, era vecino de Uncastillo y el dorador fue Joaquín de Elizondo. Al arquitecto se le abonó, según consta en antiguos documentos, 2.756 reales, mientras que el dorador cobró 200 ducados.
la leyenda La devoción a la Virgen de Zuberoa es conocida en el valle así como las diversas leyendas que se han transmitido a lo largo de la historia entre las que se encuentra una relacionada con la actual ubicación de la ermita. Cuenta cómo un pastor de Garde salió una noche en busca del toro de la manada que le faltaba. Cuando lo encontró, estaba postrado delante de la virgen y en cada uno de sus cuernos, portaba sendas antorchas. La población quiso hacerle una ermita a la virgen más cerca del pueblo, pero lo que levantaban por el día se derruía por la noche, hasta que la levantaron en este lugar de la leyenda.