pamplona. Aunque en estado grave y semiinconsciente, Iñaki Ochoa
de Olza sigue con vida. Es una las pocas noticias que llegaron
ayer desde el Annapurna (8.091 metros) en relación con el montañero
navarro, que continúa en el Campo 4, a 7.400 metros de altura,
lugar del que el pamplonés no puede moverse porque es incapaz
de caminar por sí sólo debido a sus problemas físicos. Allí sobrevive
en compañía de uno de sus compañeros de cordada, el rumano Horia
Colibasanu , que se está encargando de hidratar y alimentar a
Ochoa de Olza de la mejor manera posible. También de facilitar
información, aunque con cuentagotas, ya que los teléfonos vía
satélite de ambos se quedaron sin baterías.
Mientras tanto, los dos alpinistas suizos que emprendieron las
labores de rescate, Ueli Steck y Simon Anthamatten, tuvieron
que detenerse ayer en el Campo 3, a 6.900 metros de altura, debido
al mal tiempo. No obstante, hoy tratarán de reanudar la marcha
para llegar lo antes posible al Campo 4. Los dos montañeros helvéticos,
de los mejores alpinistas mundiales del momento, portan consigo
medicamentos para poder mejorar el estado de salud de Ochoa de
Olza. Al parecer, llevan dexametasona, un potente glucocorticoide
sintético con acciones que se asemejan a las de las hormonas
esteroides y que podría ayudar al pamplonés a recuperar la consciencia,
aunque todavía no se sabe a ciencia cierta cuál es la enfermedad
que ha dejado en tan mal estado a Ochoa de Olza (se especula
con un edema, una embolia o un accidente isquémico transitorio,
aunque este último problema es menos probable, ya que suele ser
de pronta recuperación).
tres grupos de apoyo La intención de los dos montañeros suizos,
con la aportación de Colibasanu, del que se desconoce su estado
físico, aunque se presume que se encontrará muy cansado, es la
de tratar de ayudar a descender a Ochoa de Olza a una altura
más asequible para los helicópteros, que de momento sólo pueden
acceder hasta el Campo Base, ubicado a 4.200 metros de altura.
Ni siquiera eso, ya que una segunda expedición de apoyo que partió
ayer desde Katmandú, compuesta por tres montañeros rusos, tuvo
que aterrizar en Chomrong y esperar a que el tiempo mejore hoy
para acercarse hasta el Campo Base. Se trata de tres compañeros
de Alexei Bolotov, el alpinista que acompañaba a Ochoa de Olza
y Colibasanu cuando estos renunciaron a la cumbre a escasos 100
metros de la cima por las congelaciones en las manos del pamplonés.
Bolotov prosiguió con el intento y, al parecer, ayer se encontraba
descendiendo desde el Campo 4 aquejado de un edema pulmonar.
La duda reside ahora en si las medicinas que portan los dos alpinistas
suizos que han acudido al rescate de Ochoa de Olza servirán para
mejorar el estado de salud del navarro. En caso de ser así, el
descenso podría resultar algo más sencillo. Si no, todo se complicaría,
ya que los suizos y Colibasanu tendrían que cargar con el peso
del pamplonés. Pero esto son puras especulaciones.
Desde Pamplona también se sigue coordinando la operación de rescate
de Ochoa de Olza y ayer se decidió que un tercer grupo de apoyo
parta hoy mismo desde Katamandú con destino al Campo Base. Todavía
no se ha decidido el número exacto de componentes, pero se prevé
que la integre un médico polaco (es alpinista, acaba de hollar
el Dhaulagiri y se encargaría de valorar el estado físico del
navarro), dos montañeros rumanos y varios sherpas. El objetivo
se centra en descender a Ochoa de Olza hasta una altura lo más
accesible posible, para que mejore su estado de salud y para
que pueda ser rescatado por un helicóptero.
Pauner se queda a 200 metros de la cima del Lhotse
Durante estos días, el montañero aragonés Carlos Pauner, afincado
en Pamplona desde hace varios años, estaba intentando hollar
la cumbre del Lhotse (8.516 metros, la cuarta más alta del Planeta).
Ayer hizo su primer intento a cumbre desde el Campo 4 (7.700
metros), pero a 200 metros de la cumbre tuvo que darse la vuelta
y emprender un peligroso descenso hasta la tienda que había instalado
en el Campo 4. El alpinista jacetano llegó tremendamente fatigado
y sólo tuvo tiempo para avisar de que su intento de cima había
resultado infructuoso y de que su primera misión entonces era
la de hidratarse convenientemente. Pauner reconoció que su renuncia
se había convertido en un acierto, ya que, de haber seguido hacia
la cumbre, habría tenido serios problemas para descender. Pauner
llevaba varios días ascendiendo campos de altura merced a un
duro trabajo, ya que por debajo de los 7.000 metros el tiempo
era mucho peor que en la zona cercana a la cima. Hoy iniciará
el descenso.