las negociaciones del convenio de limpieza se están caracterizando por la división sindical entre UGT y CCOO, por un lado, y LAB y ELA, por otro. En esta ocasión, ESK no está presente en la mesa negociadora, al haber quedado por debajo del 10% de representación exigido legalmente.
Las cosas ya empezaron mal. Rompiendo con una larga tradición de unidad de acción sindical y de participación de los trabajadores del sector en asambleas generales unitarias, los cuatro sindicatos presentes en la mesa negociadora se presentaron ante la patronal con cuatro plataformas distintas. No quisieron o no fueron capaces de elaborar una plataforma unitaria, como se hacía siempre (excepto en una ocasión, que terminó en un mal convenio de eficacia limitada). Nos imaginamos a la patronal frotándose las manos desde el principio.
En el pasado, la unidad de acción sindical y la participación de los trabajadores del sector nos dieron buenos resultados. De los once convenios negociados por los sindicatos desde el año 1987, ocho fueron firmados por la totalidad de los sindicatos presentes en la mesa negociadora, dos por la mayoría, y tan sólo uno por UGT y CCOO, en minoría. Si hasta ayer mismo la unidad de acción sindical fue posible, con sus más y sus menos, ¿por qué ahora es imposible? ¿Cuáles son los obstáculos insalvables?
Sabemos que la unidad de acción sindical no es fácil. Para lograrla es necesario tener la convicción de que la unidad es nuestra mejor herramienta, anteponer los intereses del conjunto de los trabajadores, y que todos los sindicatos estén dispuestos a ceder algo para acordar una plataforma unitaria. El afán de protagonismo, el que cada sindicato elabore y difunda su plataforma antes de juntarse con el resto para elaborar una plataforma conjunta, no facilita en absoluto la unidad. Al contrario, lleva a que cada cual ponga por delante lo suyo, lo que previamente ha difundido y vendido entre su gente, sea la decimosexta paga, los pluses, el ascenso automático de peón a peón especialista o la duración. Y así no hay forma de acordar nada.
Unos y otros se culpan mutuamente de la falta de unidad. ELA y LAB acusan a UGT y a CCOO de centrar todos sus esfuerzos en la consecución de la decimosexta paga (que no supone más que un aumento adicional sobre el IPC), y de no querer asumir otras reivindicaciones, propuestas por ELA y LAB.
Por su parte, UGT y CCOO acusan a LAB y a ELA de falta de realismo, de plantear objetivos inviables, como el ascenso de peón a peón, especialista, que supondría, además del aumento que se consiga para el conjunto, un aumento añadido del 4,5% para una gran mayoría, es decir, alrededor del 10% de aumento.
En nuestra opinión, unos y otros llevan parte de razón. Y todos tienen parte de responsabilidad en la falta de unidad, en la medida en que se mantengan en sus trece y no traten de acercar posturas. Con semejante división, no es de extrañar que, tras más de tres meses, apenas se haya avanzado en la negociación.
UGT y CCOO cuentan con un 60% de representación en la mesa negociadora. Es un porcentaje suficiente para firmar un convenio, pero muy insuficiente para negociar un buen convenio. Si las negociaciones no avanzan, que es lo que ha pasado hasta ahora, para presionar o para convocar una huelga necesitan llegar a un acuerdo con los otros sindicatos. O eso, o negociar a la baja. No les queda otro camino.
De hecho, el 3 de abril, UGT y CCOO presentaron una propuesta conjunta que fue rechazada por la patronal. El 30 de abril presentaron una nueva propuesta, en la que piden bastante menos que lo que se consiguió en el anterior convenio. En su oferta, la decimosexta paga, en un convenio para cuatro años, supone un aumento para cada año, que oscila entre el 1,2% y el 1,5% por encima del IPC según la antigüedad (en el anterior convenio, el promedio anual de aumento fue del IPC más 1,83%), piden una reducción de jornada de tres horas por cada año (en el anterior fueron 6,66 horas por año) y un aumento del 7% anual del plus festivo (en el anterior fue del 10%).
La propuesta que realizó la patronal el día 8 de mayo es aún más baja. La decimosexta paga que ofrecen, supone un aumento anual de entre un 0,56% y un 0,79% por encima del IPC según la antigüedad, al abonarse la decimoquinta paga con el salario del año anterior. La reducción de jornada sería de 6,66 horas el cuarto año, y el plus festivo se incrementaría con el IPC.
Mientras, LAB y ELA se mantienen a la espera, sin mover una coma de sus plataformas. Poner de vuelta y media a UGT y a CCOO, en lugar de buscar un acercamiento que debe ser mutuo, puede servir para contentar al personal más incondicional. Pero, es un mal camino para conseguir un buen convenio.
Desde fuera de la mesa poco podemos hacer al respecto, salvo decir qué pensamos y pedir a los sindicatos que recapaciten, que retomen el camino de la unidad que tan buenos resultados nos dio en el pasado reciente. Más vale tarde que nunca. De lo contrario, nos podemos encontrar, todas y todos, con un mal convenio.
* Miembro de ESK