'high school musical' Dirección artística: Ariel del Maestro. Dirección musical: Alfonso Casado. Coreografía: Maite Marcos. Intérpretes: Macarena García de la Camacha, Daniel Diges, Ana San Martín, David Moreno, Ricardo Nikosi, Mireia Maken. Lugar y fecha: Baluarte, 15-18/05/08.
POR pedro zabalza
Me parece recordar que se anunció la llegada a Pamplona de High School Musical con el eslogan de "el musical más esperado". Y no se puede negar que el espectáculo ha sido un exitazo casi con hechuras de fenómeno: ocho representaciones en cuatro días, con el cartel de no hay billetes colgado en la taquilla de Baluarte. Y eso que la mayoría del público infanto-juvenil que ha llenado la sala conocía de sobra esta enésima revisión actualizada de Romeo y Julieta por haber visto la película homónima. Bueno, más que pese a eso, habría que decir que precisamente por eso se ha producido esa afluencia. Era una apuesta segura.
Así que la respetable chavalería se sabe de memoria el desarrollo del romance entre el guapo y honesto Troy, capitán de baloncesto del insti , y la no menos guapa e inteligente Gabriella. Un servidor lo ignoraba, pero ha sido como si lo conociese. High School Musical resulta como lo esperaba. No encierra la menor sorpresa, y esto también era esperable: la comercialidad está reñida con el más mínimo riesgo. No me queda más remedio que mirar con nostalgia y envidia la edad en la que a uno no le han contado todavía tantas veces la misma historia como para considerarla predecible, o que el que lo sea le parezca irrelevante. El problema de High School Musical no es que se trate de una historia juvenil, ni siquiera infantil; es que resulta más bien pueril.
Ante la despreocupación por buscar originalidad, el montaje juega su baza a la carta de la espectacularidad. Lo cierto es que resulta vistoso acumular a tanta gente bailando sobre un escenario (el de Baluarte pareció en algún momento quedarse incluso corto para el movimiento cómodo de los intérpretes). Las coreografías resultan animadas, desde luego, aunque no sean demasiado imaginativas ni diferenciadas. Y cuando se apunta hacia algo distinto, como el número en el que los jugadores empiezan a marcar el ritmo a bote de balón, rápidamente se corta y se vuelve al patrón arquetípico. Patrón del que tampoco se escapan las canciones. Habrá una quincena de números musicales, pero sólo dos melodías: la lenta y la rápida; o sea, el dueto acaramelado y el coro animado. No encuentro ninguna canción memorable, pero debo de estar equivocado, porque la chiquillería se las sabía todas.
Las situaciones tópicas no constituyen el mejor material para una buena interpretación, pero en cualquier caso, la protagonista, Macarena García de la Camacha, debería diferenciar en su movimiento cuando actúa y cuando baila. Su compañero Daniel Diges firma un trabajo al menos más convincente. Lo que no puede decirse de su amigo en la ficción Ricardo Nikoski, que suena a falso de principio a fin; bueno, al menos tiene planta de jugador de baloncesto. Y convincente, aunque estereotipada, como todo en el espectáculo, suena también la Sharpay de Ana San Martín, al igual que su hermano el protogay Ryan (David Moreno). En fin, cuando un espectáculo conquista a su público potencial habrá que considerarlo un éxito, pero creo que debería exigírsele un poquito más en todos los aspectos.