C UANDO uno sigue las imágenes y comentarios del Giro de Italia 2008 en ETB siente la nostalgia de tiempos pasados de gloria. Gestas de nuestros ciclistas que hoy se antojan lejanas y difícilmente creíbles. Sin embargo, el ciclismo es uno de los espectáculos hechos a la altura de un medio como la televisión. Los realizadores del Giro han visto que el interés ya no es tanto el deportivo. No importan tanto las piruetas de la clasificación como la narración de la gesta que los ciclistas completan en cada etapa, además de ofrecer más importancia al paisaje. El resultado seguramente no alcanza la tensión de la competitiva, pero es bueno. Mientras se disipan los nubarrones que se ciernen sobre él, este deporte necesita mantenerse hasta que nuestros ciclistas vuelvan a conseguir la credibilidad que unos y otros les han birlado. Los aficionados seguimos ahí a la espera de que de nuevo salte la chispa en cada etapa y que atraiga a los que sólo se apuntan a caballo ganador cuando aparezca el Induráin de turno. Costumbre ésta que hace estragos. Piensen si no en todos aquéllos que aceptan la afrenta del Chikichiki : se tapan la nariz; hacen de tripas corazón y le ríen las gracias a Chikilicuatre. Le ven con posibilidades y no quieren perderse esta oportunidad tan mediática que, inexplicablemente, sigue teniendo Eurovisión. Ayer apareció una encuesta de la BBC que indicaba que el Chikichiki ocupará los últimos lugares y no será la revelación de este año, como muchos intentan presentarla. Tras este dato muchos triunfalistas le quitarán el saludo a Chikilicuate. Aunque ya se sabe, porque así nos lo ha repetido en cada edición José Luis Uribarri, que estos ingleses, que por cierto no son nada en el ciclismo, con tal de perjudicar a la canción española son capaces de cualquier cosa: incluso de poner en juego la credibilidad de la BBC con encuestas estúpidas y mentirosas.