Concierto de David DeMaría
Fecha: viernes, 16 de mayo.Lugar: sala Tótem, Atarrabia.Intérpretes: David DeMaría, a la guitarra acústica y a la voz, acompañado por Javier Fajardo, a la dirección musical y a los teclados, José Arjona, a la guitarra eléctrica, Manu Gil Nene , a la batería, e Ismael Alcina, al bajo.Incidencias: concierto de presentación de La fuerza de la voluntad , trabajo recopilatorio del artista. Hora y ¾ de duración, un bis incluido. 1/3 de entrada. Público mayoritariamente femenino, de distintas edades y más o menos participativo.
dAVID DeMaría es grande. Un grande de la canción melódica, así de claro lo decimos y así lo puso de manifiesto en Tótem a pesar de la entrada registrada: tal vez el peaje a pagar por arriesgarse a hacer salas, más allá de teatros y de otros recintos más acordes con su música, sobre el papel. Por hacerlo en su intento por tratar de llegar a todo tipo de público, algo que le honra. Entre tímidos cánticos de "DeMaría", "DeMaría" prorrumpidos por las primeras filas, sobre un escenario sobrio, presidido por un telón con la cara de David en actitud reflexiva, la velada arrancó bajo los característicos sones de Desperteré cuando te vayas , tema que, procedente de su CD Caminos de ida y vuelta , lució poderoso, demostrando estar bien provisto de enjundia musical: lo mismo que otros también presentes en este arranque, comoSin miedo a perder (con la complicidad de unas primeras filas más que entregadas, que en pocos momentos dejaron de seguir las canciones brindando palmas), Dueña de este mar (primero en sonar de los nuevos temas que ofrece el CD que se presentaba), Caminos de ida y vuelta, Precisamente ahora (con José Arjona inmenso, sacándole chispas a la eléctrica) o La ciudad perdida , de claro regusto arábigo-andaluz y uno de los más celebrados de la noche; unos temas todos ellos que, pegadizos y de peculiar sabor a pop (cosa del halo flamenquito que les da cobijo) sonaron entre constantes aplausos... dando a entender lo que son: grandes éxitos en acto que el público ha hecho suyos. Sí, de su propiedad, como cuando tras la victoria del equipo local se tiende a decir "hemos ganado", verdadera prueba del algodón de la cuestión. Unas canciones vitamínicas, llenas de vida, con ésta escurriéndose, latiendo con pulsión nota a nota, compás a compás; lo mismo, en otro orden de cosas, que las siguientes en encontrar su hueco esta noche: composiciones tan celebradas como Barcos de papel, La fuerza de la voluntad (segunda de las nuevas, ofrecida con la única compañía de los teclados entre gritos de "guapo") Miradas cruzadas (con David solo a la guitarra española en un principio, protagonizando junto con la anterior el tramo más intimista de la noche), la también nueva El perfume de la soledad, Aviones plateados (versión del tema de El Último de la Fila que nos condujo hacia un intenso final, con los músicos y el público pletóricos, de poder a poder) o He dejado de creer , con la que finalizó el set... con el permiso de Loco enamorao , reservada para los bises. Y todo ello ante un público que si bien estuvo por la labor, generó dos temperaturas distintas en la sala: una ciertamente caliente, adelante (cosa del fragor de las fémimas que allí se apiñaban) y otra más y más templada conforme más lejos iba quedando el escenario.
DeMaría y su colección de éxitos pasaron el viernes por Atarrabia, un artista con entidad y saber estar propio que poco a poco, sin prisa pero sin pausa (tal y como se deben hacer las cosas, esté de por medio el estilo que esté) va labrando su camino. Sus caminos de ida y ¿vuelta? No, de ida y vida -de momento-, gusto y melodía, pasión y entrega canción a canción. El otro, el del regreso, se nos antoja lejano todavía.