madrid. Primer día de reventa disparatada. Lo que quiere decir que se respiraba cierta frivolidad en el tendido, aportación del inevitable público de clavel, como despectivamente les suelen llamar la parte crítica.
Suele pasar en días como éste que los dos bandos tratan de adelantarse recíprocamente en sus juicios y apreciaciones para evitar que el festejo tome el carácter que la otra parte quiere imprimirle. Así hay momentos que la plaza parece un gallinero.
A Ponce, como tantos ídolos en lo mejor de su carrera, no le perdonan algunos su condición de máxima figura. Torero de época por la trayectoria que lleva, plagada de gestos como el de encontrarse en Madrid con una corrida tan complicada e imposible, y jugarse la vida a cambio de nada. Los de la jet, ni se enteraron la mayoría. Los ultras, sin una excusa verdaderamente taurina, llegaron a gritarle "¡que te estás quedando calvo!". Una pena.
Lo más importante de la tarde lo hizo Ponce con dos toros dificilísimos, el primero siempre a la defensiva, andando y pegando cabezazos; y el cuarto, bronco y con peligro.
Y a los dos les sacó muletazos increíbles a base de la mejor técnica y de muchos arrestos. Sólo Ponce es capaz de ponerse delante de los dos, intentar pegarle pases y pegárselos. Fueron muletazos increíbles sobre la base de la mejor técnica -atacando casi siempre en corto, llevándolos muy tapados-, y los arrestos, puesto que había que tragar mucho.
Con una paternidad recién estrenada y con su desahogada posición económica no hay torero, ni posiblemente lo haya habido en la historia, capaz de jugársela como él. ¿Será posible que los del tendido siete no se den cuenta de lo importante que es para la Fiesta el espejo que representa Ponce?
A Castella le respetaron más, aunque tampoco se salvó de la recomendación de "¡córtate el pelo!" repetida varias veces.
Morenito de Aranda contó con el lote más colaborador y se justificó. Tuvieron muy buena compostura sus dos faenas, sobre todo la primera, aunque ninguna de las dos llegó a romper. Y destacó sobremanera en el toreo de capa, lo mismo en el recibo a su primero que en un quite al último. Quede constancia de que también pegó muletazos buenos sueltos, y que bordó los remates de serie, sobre todo los cambios de mano por delante y los de pecho. Quizás tenía que haberse "despeinado" más, por ejemplo, como Ponce.