desde 1991, el Museo de Pablo Sarasate comparte sede con el Archivo Municipal en el edificio del antiguo seminario de San Juan Bautista. No es mal sitio. Con su portada barroca y su patio interior, dicen los que saben que es uno de los edificios más sobresalientes de la arquitectura civil pamplonesa del XVIII. Fue construido en 1734 gracias a las donaciones del noble baztanés Juan Bautista Iturralde. No obstante, detrás del Ayuntamiento, en la estrecha calle del Mercado, el edificio queda un poco tapado, un poco a trasmano. Así las cosas, me parece estupendo que el Consistorio intente colocar sus 276 objetos relacionados con el insigne violinista pamplonés en un lugar más destacado. No andamos precisamente sobrados de oferta museística y está bien intentar sacar el máximo jugo posible a lo poco que tenemos. Lo que ya no me parece tan bien es que el Ayuntamiento pretenda colocar el museo en el Palacio del Condestable. El edificio en sí está muy bien. Se trata de la única muestra de arquitectura del Renacimiento en Pamplona. Fue palacio episcopal e incluso ayuntamiento antes de pasar a manos del Duque de Alba, condestable de Navarra. Tras una azarosa rehabilitación con una desviación del 57% sobre el presupuesto inicialmente previsto y tremenda bronca entre Ayuntamiento y empresa adjudicataria, parece que va a quedar muy apañado. Seguro que, en plena calle Mayor, llamará la atención de los visitantes. Sería un lugar adecuado para el Museo de Sarasate si no fuese porque el Consistorio, tras meses de trabajo conjunto en el seno de los foros del Plan Urban, se comprometió con los colectivos del barrio a darle otro uso, a que albergase un gimnasio y varias aulas y salas polivalentes donde dichos grupos pudiesen desarrollar sus actividades. En su día, el Ayuntamiento publicitó su apuesta por la participación ciudadana y ahora cambia los planes de tapadillo. Las organizaciones sociales se han enterado del cambio por la prensa. La Asociación de Vecinos madura una respuesta, pero ya habla de sorpresa desagradable, de sensación de pérdida de tiempo, de que lo que el Ayuntamiento llama participación ciudadana no es más que una farsa. No les falta razón. El zapateado que les ha propinado la primera edila a cuenta del museo de Sarasate es tremendo.