Eta volvió a ignorar ayer la voluntad del pueblo al que desde la más absoluta paranoia proclama defender e irrumpió un estío más con cuatro bombas de escasa potencia en la vecina Cantabria. Aquí está pues ETA de nuevo recordándonos que no desaparece de nuestras vidas porque, de acuerdo con su delirante análisis, se pueden y además resulta legítimo lograr objetivos políticos a sangre y fuego . Porque cada artefacto, estalle en la playa o en cualquier carretera afecta a las operaciones salida o llegada, acerca más a Euskal Herria a la independencia, aunque la realidad lo desmienta categóricamente. Aunque esta estrategia resulte tan nauseabunda -por el tremendo sufrimiento que genera-, como torpe -al enfangar los fines últimos que dicen perseguirse-. Aunque las cárceles de los estados español y francés continúen engrosando presos vinculados a su causa y la izquierda abertzale radical siga en franca minorización social. En efecto, ETA puede jactarse de que ayer inoculó una sensación de inseguridad en la ciudadanía, particularmente entre los veraneantes en Noja y Laredo, por lo demás trabajadores de estricta nómina en su mayoría. Y puede alardear de haber sobresaltado a todas las personas que padecen o han padecido amenazas, atentados y extorsiones, incluidas las que hoy ejercen la política activa o la ejercieron hace años, como el asesinado Isaías Carrasco. También puede congratularse de haber recobrado protagonismo mediático, aunque sea a costa de heroicidades como herir a una mujer, golpeada por una piedra tras la explosión en el campo de golf de Noja, y de provocar la atención a una joven embarazada, que sufrió un ataque de nervios. Pero, por añadidura, ETA también puede sentirse pletórica por haber cargado de argumentos a los que mantienen, desde unas posiciones contumaces que sustraen cualquier nuevo protagonismo al diálogo, que únicamente es posible la normalización política y social con la actuación de las fuerzas de seguridad. Por haber reforzado a quienes, invocando esa estúpida y atroz violencia, niegan legitimidad a toda iniciativa que no se ajuste a sus criterios de oportunidad y de liderazgo. Sí, la organización terrorista parece estar dispuesta a todo, a todo menos a dejar que hable la política y a escuchar el clamor ciudadano que exige su disolución.