tudela. Fernando Inaga, concejal de Festejos, sólo se quedó sin voz cuando le preguntaron en quién había pensado cuando el cohete surcaba el cielo sobre Tudela. Ahí se le acabaron las palabras y el recuerdo de su padre se convirtió en silencio tras el chorro de voz con el que había dado, minutos antes, inicio a las fiestas de Santa Ana dando vivas a Navarra, Tudela y la patrona, por este orden. La emoción fue intensa, no cabe duda, pero no le llegó a la suela del zapato, en protagonismo, a la chicharrina que soportaron los que se amontonaban literalmente en la primera planta de la Casa del Reloj para presenciar, desde sitio preferente, el espectáculo del año en la capital ribera. Convertido el piso en un pequeño hemiciclo de amigable relación político-social, el mercurio subió peldaños conforme llegaban los invitados de las familias de todas las siglas. La aparición más eufórica, sin duda, fue la de la consejera de Bienestar Social, María Isabel García Malo , que entró en la sala dando palmas y se fundió en un abrazo con el parlamentario del equipo socialista Javier Monzón . Luego, saludó al secretario general del PSN, Roberto Jiménez , que desveló que "cuando tenía 17 ó 18 años siempre había una noche que me escapaba con la cuadrilla a las fiestas de Tudela; reconozco que aquí lo he pasado siempre francamente bien".
Lo cierto es que hubo empate en representación y el anfitrión del recibimiento a la juerga tudelana, el alcalde Luis Casado , puso pañuelicos rojos a representantes de todos los signos. La más madrugadora, la consejera de Salud acompañada del director general del ramo, Enrique Martín de Marcos . Uno de los últimos en llegar, el presidente del Gobierno Foral, Miguel Sanz , también recibido por Jiménez que colocado estratégicamente en la puerta del salón, se llevó los primeros besos de todos y todas. Eso sí, con los críticos de la Plataforma de socialistas riberos, no hubo exceso en el roce.
Con las ediles de NaBai en el Consistorio ribero (Milagros Rubio y Ana Mari Ruiz ) se acercó a pasar el día Patxi Zabaleta que reivindicó "los aspectos culturales y económicos de las fiestas de antaño". Un año más, la precaución municipal tuvo la previsión de apuntalar el edificio para que el peso de concejales, parlamentarios y consejeros no acabara con un derrumbe del piso. La máxima edil pamplonesa, Yolanda Barcina , cuasi recuperada de los Sanfermines, deseó que "estas fiestas sean tan magníficas como ha sido las de Pamplona, que tengan todas las luces que han tenido las de allí y, si ha habido alguna sombra, que no llegue a la Ribera".
Tras el estallido del cohete, corrieron de mano en mano botellas de champán bajo los focos de las cadenas de televisión instaladas en la Casa del Reloj. Entre cables, felicitaciones, fotos de grupo, entrevistas, citas para comer y abanicos improvisados, a Fernando Inaga sólo le alcanzaban las fuerzas para reconocerse "un privilegiado".