tudela. Aunque a día de hoy parezca increíble, las calles de Tudela no siempre han acogido la procesión de Santa Ana. Durante dos veranos, hace 75 años, ni la patrona de Tudela, ni la imagen de Santiago fueron paseadas el 26 y el 27 de julio. Eran otras épocas y la Segunda República, que vigilaba mucho los aspectos religiosos, eliminó el dinero municipal para estos actos, lo que significó la rebelión de los altos cargos eclesiásticos. La procesión, como tal, fue suprimida, y se cambió por un paseo de las imágenes por el interior de la catedral de Tudela. Tal cambio en el programa se operó en 1932 y 1933, y se recuperó en 1934, bajo el gobierno de la coalición de derechas comandado por la CEDA.
La cuestión clave para eliminar tan popular acto fue la decisión de anular las partidas municipales destinada a los actos religiosos. Esta decisión no sólo se tomó en Tudela sino que incluso en Pamplona tampoco San Fermín hizo su paseo por las calles del Casco Viejo. En el caso de Tudela, los gastos del Consistorio en los actos religiosos eran de 30 pesetas, para la procesión de Santiago, y 92 para la de Santa Ana. Como comentaba el periódico de derechas Navarra el 31 de julio de 1932, "todos saben que los rumores que a última hora circulaban tendían a cargar el sambenito de la suspensión al Cabildo o a la Cofradía de Santa Ana sin otra finalidad, tal vez, que la de evitar una impopularidad al Ayuntamiento". Según el diario, al confeccionar los presupuestos de 1932 se suprimieron "todas las consignaciones de carácter religioso" hecho que provocó tanta indignación al cabildo y a la cofradía, que pidieron al Ayuntamiento (presidido por Aquiles Cuadra) que "renunciase al Patronato de Santa Ana, ya que así parecía desearlo nuestra corporación al conducirse de forma tan despectiva hacia la patrona de la ciudad", aunque finalmente no renunció.
La Congregación de Santa Ana abrió entonces una suscripción popular para hacer frente a los gastos y obtuvo una respuesta tan elevada que aprovecharon para sustituir el alumbrado de las velas por el de las bombillas eléctricas, tanto en la lámpara de araña como en el altar y en las campanas de la torre. "Jamás se vio el altar mayor más iluminado; un sol radiante de luz envolvía a nuestra excelsa patrona, que la hacía aparecer más hermosa, más simpática, más graciosa y sonriente". El Ribereño Navarro describía la procesión que se celebró en el interior de la catedral aquella tarde del 26 de julio de 1932: "Trasladaron la santa imagen a su capilla entre compactas filas de sólo hombres con velas, entre los acordes de la orquesta y cantos del pueblo y con una aclamación general de todos allí presentes de vivas y aplausos, como final. ¿Qué hay en todo esto de censurable, antipatriótico y antiespañol?"
ataques en la prensa En 1933, el presbítero tudelano Cipriano Nievas recordaba que "hace ya dos años que no triunfa en hombros de los tudelanos por las calles de nuestra ciudad la imagen de la patrona. Brindo estas consideraciones al alcalde, Aquiles Cuadra, excelente tudelano, hombre culto, inteligente y comprensivo, para que vaya formando el ambiente necesario a fin de que el año próximo figure entre los festejos de Santa Ana la procesión solemne, que será su más acertado complemento".
Los periódicos de derechas de la capital ribera lanzaron sus ataques contra la decisión del equipo de gobierno municipal. "Desde que el laicismo es la religión oficial de la paradójica España de nuestros días, no sale en Tudela la procesión de Santiago. Pero saldrá y tal vez en ella veneremos a Santiago en una nueva significación; a Santiago Matamoros de los moros de nuestro siglo, a Santiago apareciéndose con gloriosa majestad sobre los ejércitos de la Segunda Reconquista Española que ya comienza" (Navarra , 29 de julio de 1933).
Finalmente, en 1934 la imagen de Santa Ana volvió a las calles con "franco éxito". Las crónicas hablaban de que "cientos y cientos de devotos y de tudelanos acompañaban a su patrona; y millares de personas presenciaban el paso de la procesión entre aplausos y lágrimas de emoción al ver de nuevo a Santa Ana por las calles tudelanas. Aún entre muchos elementos de izquierda que presenciaban el paso de la procesión, pudimos advertir un irreprochable respeto". Sin embargo, hubo también terreno para la protesta ya que la banda municipal, obedeciendo al "despechado Ayuntamiento izquierdista", no hizo acto de presencia. Tras la petición de la congregación de que la banda acompañara a la procesión, el Consistorio contestó señalando que "no le era posible porque a la misma hora de la procesión tenía que dar un concierto público en el Prado".
Pese a todo, el laicismo de aquellas fiestas de 1932 y 1933 se llevó tan a rajatabla que ni siquiera en los carteles anunciadores aparecía el nombre de Santa Ana, sustituyéndose por un lacónico "festejos cívicos".