a las diez y diez, según el reloj de la parroquia, que está hecho trizas y pide a gritos un arreglo, y a las doce en punto según los pelucos (relojes) de la mayoría del personal, el que dice ser y llamarse Remigio Lizasoain Adansa, 67 años cumplidos exactamente hace cuatro días, prendió el chupinazo de las fiestas de Elizondo. En un rincón, lo más lejos posible (imposible) del mundanal ruido que dicen, el ínclito Prudencio Sabiduría le dio amistosamente la mano al recién llegado Periko Txarmanta, antaño pastor en los estados vascos de Norteamérica y le susurro: ¡Pasa ongi bestak!, que pases buenas fiestas.
El chupinazo elizondarra fue ayer multitudinario como nunca: "ha sido por tí, Remigio", le aseguraba al interesado apenas una hora después una de las mozas más hermosas que en Elizondo son, y decía verdad. El personal, el gentío, el pueblo, sabe reconocer y agradecer su entrega a los suyos y se volcó en la plaza de los Fueros, la vieja Gurutzaldekoplaza, para acompañar al decano de los corporativos baztandarras.
"Se lo he dedicado a José Manuel (Landa Iturralde), les confesó Remigio a Prudencio y Periko recordando a quien por años fue su entregado y fiel compañero además de amigo en las Baztanzopak y en el Zikiro-Yate , que se nos marchó apenas hace nada. Estaba feliz Remigio, ayudado por su otro desinteresado y puntual colaborador Mayi Juanikotena, artillero mayor de Elizondo ahora, al que llaman Mayipún los niños porque siempre le ven con la ristra de cohetes en la mano.
Y eso, que, como pocas veces, una persona acaparó tan sinceramente el cariño y gratitud de elizondarras y baztandarras, y que sólo cabe convenir en que también como pocas veces de forma tan justa y merecida. Luego, Prudencio Sabiduría y Periko Txarmanta se fueron con media docena de muy buenos amigos a Santxotena, donde Teresa, la etxekoandre auténtica, a disfrutar del aperitivo que siempre les ofrece generosa y amable, a desearse felices fiestas y a recordar a la tan buena gente que nos ha dejado en lo que va de año, y antes.
Tras el momentico, Prudencio y Periko marcharon, entre carreras de niños y de kilikis y la música de Elizondoko Txistulariak que animaba las calles, comentando la panfletada, impresentable e incalificable puñalada trapera (y trasera, a traición) que le dedicaron de par de mañana al concejal Santiago Aldako, seguramente para felicitarle su santo, que es hoy. ¡Qué indignidad, viniendo de quien sólo sabe poner palos en las ruedas p'a parar el carro! En plenas fiestas. De pena.