san adrián. La plaza del Rebote de San Adrián reventó ayer de alegría en cuanto el primer cohete anunciador sonó en el cielo. El encargado de encender el ambiente fue el teniente de alcalde, Carlos Arriezu Vera, que con su discurso emotivo puso los pelos de punta a los miles de adrianeses congregados bajo el balcón. Tras la escucha del himno de Navarra por la megafonía, el concejal se dirigió a sus vecinos, que le esperaban con los pañuelos en alto: "Adrianesas, adrianeses, sois vosotros el patrimonio más grande que tiene esta villa. Gracias a todas las asociaciones, colectivos y personas individuales que hacen que éstas sean las mejores fiestas del mundo. Por ser el motivo de nuestras fiestas, ¡viva las Santas Reliquias! Por ser nuestra patrona, ¡viva la Virgen de Palma! Por ser nuestra tierra, ¡viva Navarra! Y por ser lo mejor de este mundo, ¡viva San Adrián, viva San Adrián, viva San Adrián!", exclamó con decisión el lanzador del cohete.
Carlos Arriezu Vera, de 37 años y empresario hostelero de San Adrián, confesó que se había emocionado en los segundos previos a prender la mecha: "Se me ha escapado alguna lágrima cuando sonaba el himno de Navarra. Sabía que iba a ser una experiencia muy intensa porque esto es lo más grande que tiene San Adrián". El teniente de alcalde lanzó el chupinazo con su hijo Alejandro, de 16 meses, en brazos. Además estuvo arropado por su mujer y los miembros de la corporación, y el resto de su familia lo seguía desde un edificio cercano a la antigua casa consistorial. "En este momento he tenido en el recuerdo a mi padre Tomás, que falleció este año, y a Paco Gimeno Tres, que ha encabezado durante años la candidatura independiente de San Adrián", confesaba Arriezu.
ambiente y limpieza El ambiente más intenso del chupinazo de San Adrián estuvo protagonizado por los más jóvenes, que ocuparon el centro del Rebote. Quince minutos antes de las 12.00 la plaza era un hervidero y los cánticos se repetían, entre ellos "que bote el Rebote", los tradicionales sobre Osasuna e Induráin e incluso algún cumpleaños feliz. Las ropas blancas apenas se mancharon de nada que no fuese cava o kalimotxo, salvo alguna cuadrilla que se tiñó de amarillo de pies a cabeza.
Nada más comenzar las fiestas en honor a las Santas Reliquias, la marea humana de adrianeses siguió a las charangas de las tres peñas por las calles de la parte vieja. Así comenzaron a restar los litros de zurracapote preparados para la ocasión. La primera jornada festiva prometía ser muy larga.