pamplona.La Compañía Nacional de Teatro Clásico (CNTC) es habitual en la programación de Olite desde hace años, ¿cómo os habéis sentido acogidos durante este tiempo y qué sensación os causa el festival?
Desde el principio, y como nos ocurre con todos los festivales de teatro clásico, nuestra relación con Olite se encaminó a establecer vínculos de continuidad. Es decir, nuestro gran objetivo es la difusión del teatro clásico español; así que asegurar nuestra presencia en los festivales es importante porque contribuye a consolidarlos y porque a nosotros nos sirve para afianzar nuestros espectáculos. Además, para nosotros Olite ya es una cita inexcusable que cerramos con mucho tiempo y a la que tratamos de ofrecer nuestro mejor repertorio. Y creo que el público de aquí ya nos conoce y reconoce y tenemos una relación cálida con él.
Ahora el festival afronta una etapa de expansión, ¿qué le aconsejaría?
Es difícil. La mejor receta para un festival es conocer a su público y sus espacios. Es mucho más fácil y mejor construir a partir de ahí que intentando hacer un festival mediático y tremendo que olvida la base. De hecho, el camino que han seguido casi todos los festivales es muy similar porque tienen la conciencia de que la cultura vinculada al gran repertorio no sólo es necesaria, sino que sería vergonzante no apoyarla.
En general, ¿qué papel juegan estos festivales de verano en el funcionamiento de las compañías y en la difusión de los clásicos?
Son una vía fundamental. Ofrecer una cita anual en la que se vinculen los espacios de época con espectáculos que presentan textos de época o tienen alguna relación con los clásicos supone para el espectador una vía de contacto atípica con el teatro y que se agradece bastante en medio de este calor estival.
Sin embargo, con esta efervescencia de festivales, a veces parece que los clásicos son sólo para el verano.
Nosotros tenemos la fortuna de tener un público muy fidelizado tanto en nuestra sede como en las giras, con una media de asistencia que pasa del 90%. Y en eso tenemos que reconocer que somos unos privilegiados, porque hay muchas compañías batiéndose el cobre. Estamos en un momento en que el teatro clásico tiene una gran demanda por muchos motivos: por la vinculación del espectador con su propia lengua, con su patrimonio literario y con la pura y simple belleza de los textos... Y el público reacciona ante algo que le gusta; si no le gustara, no acudiría.
Es cierto que existe una gran demanda, pero ¿qué hay de la oferta, qué nivel de calidad tiene?
Hay mucha variedad y calidad. Se está ofreciendo un teatro bastante vivo y técnicamente desarrollado y eso se debe, en gran medida, a que la formación se ha elevado bastante. Todo está relacionado, la universidad, las escuelas de arte dramático, el desarrollo del público, la Compañía Nacional, los festivales... Vivimos un momento en que no podemos estar más contentos.
Además, las últimas encuestas de hábitos culturales apuntan que el teatro gana espectadores frente a otras ofertas de ocio más enlatado.
Es que hay actividades que ya puedes disfrutar en la comodidad de tu casa, y el teatro no es una de ellas. Todo lo que tiene que ver con internet o la tecnología, los videojuegos, las películas o las series están generando un ocio que se refugia en el hogar. Ése no es el sitio del teatro y, probablemente, las salas que nunca cerrarán serán los teatros. De hecho, es posible que muchos de los cines que conocemos se conviertan en teatros, salvo los que terminen siendo centros comerciales, claro.
La Compañía Nacional, desde luego, da para mucho. Mantiene unas ocho obras en repertorio con tres elencos o cuatro, según la temporada, ¿cuál es la razón de este dinamismo?
Nosotros tenemos un presupuesto de dinero público que nos da la posibilidad de estar trabajando con cuatro elencos a la vez, levantando el telón a la misma hora en varias ciudades y con clásicos distintos. Y nuestra obligación es exprimir ese presupuesto al máximo en el intento de difundir los clásicos en todas partes.
¿También, como en el caso de las obras que la CNTC trae a Olite, se trata de recuperar esos textos clásicos menos conocidos?
Claro. La misión del teatro público no es hacer La dama boba todos los años. Nuestra misión es ampliar el horizonte del espectador, su conocimiento y darle la oportunidad de conocer mejor a sus clásicos. Por ejemplo, de Cervantes tenemos una visión muy sesgada, de ahí que decidiésemos montar una comedia suya, El viaje al Parnaso . Lo mismo sucede con Lope o con Calderón, y de ahí también las obras de este año.
Realmente, la producción de los dramaturgos clásicos es enorme.
Nuestros autores no son la imagen que nos han vendido de ellos. Para empezar, son mucho más poliédricos de lo que nos han contado. Si los comparamos con los autores modernos, son gente con una capacidad de transformación tremenda en cuanto a la cantidad de géneros que abordaron. Calderón lo mismo escribía una comedia burlesca disparatada que un auto sacramental o una obra filosófica como La vida es sueño . Vivían para un espectador que les demandaba de todo y ellos servían a eso. Casi estaban más cerca del artesano que produce arte que del artista al que le basta con engolarse.
En los últimos años, la Compañía también ha abierto las puertas a directores, adaptadores y actores ajenos a la casa.
En estos cuatro años hemos ido haciendo una especie de recopilación de toda la gente que llevaba tiempo haciendo cosas interesantes en el teatro clásico y les hemos encargado un gran montaje con un gran presupuesto para que hicieran cosas que podían parecer tan disparatadas hace poco como los Sainetes de Ramón de la Cruz o una comedia de Guillén de Castro como El curioso impertinente . Hay una generación de directores, entre los que están Helena Pimenta, Ernesto Caballero, Laila Ripoll o Natalia Meléndez, que tenía que pasar por la Compañía para alimentarnos con su talento. Siguiendo con los balances, en septiembre cumplirá cuatro años al frente de la CNTC, ¿cómo ha sido este tiempo, teniendo en cuenta, además, que cuando llegó existía un cierto estancamiento de la actividad?
En realidad, me encontré una compañía fruto de muchas cosas que merecerían otro análisis. En este tiempo, he desarrollado un proyecto que ha contado con el respaldo del Ministerio y que tiene vocación de Estado, ya que no se trata de que se desarrolle sólo la Compañía, sino también los festivales o las redes de teatro. Además de publicaciones, las giras por Latinoamérica, etc. De todos modos, los resultados de cada gestión se ven más a largo plazo; nosotros también hemos sido hijos de las gestiones anteriores, y yo no he hecho ninguna revolución, aunque sí he podido hacer más cosas.
El Ministerio ha anunciado que cambiará a los directores de todos los centros escénicos estatales a lo largo de esta legislatura. En su caso, ya ha anunciado que sólo estará cuatro años, pero a alguno de sus colegas no le sentó nada bien la medida, y así lo manifestó en público.
Pues yo dije lo contrario. Creo que las gestiones en los teatros públicos tienen que tener un límite. Los límites te ayudan a desarrollar un proyecto dentro de un período, de manera que no dejas cosas pendientes. Lo ideal son siete u ocho años, porque es tiempo más que suficiente para desarrollar tu propuesta y dar lo mejor de ti. A partir de ese momento puedes empezar a repetirte.