Siete años separa la realización de Fausto 5.0 del estreno de Eskalofrío . Codirigida junto a Carlos Padrisa y Álex Ollé, Fausto 5.0 , con la vitola de la Fura dels Baus en sus entrañas, supuso la irrupción en el panorama cinematográfico de Isidro Ortiz, un cineasta que en su debú mostraba un par de virtudes notables. La primera, una capacidad inherente para convocar imágenes que se desmarcaban del convencional acabado del cine español. La otra, una querencia por el cine fantástico que, a lo largo de lo que llevamos del siglo XXI, ha sido la tabla de salvación y el refugio en el que se encuentra buena parte de los mejores títulos de nuestra cinematografía.
Eskalofrío pertenece de lleno al cine de género, es la suya una naturaleza fronteriza, una especie de thriller fantástico y de horror en el que se perciben sombras del vampirismo, aullidos de niños-lobo y resabios de crueles venganzas. Una suerte de tutti frutti del miedo y el terror que comienza muy bien y que se desmorona por culpa de aquello que hace grandes a las grandes películas: los actores secundarios.
Durante cuarenta minutos Isidro Ortiz mezcla bien los bosques navarros con las aldeas asturianas para concretar un espacio de pavor. El Leitmotiv es el miedo al otro, una reflexión sobre lo monstruoso y la maldad. Coincide con Bosque de sombras, de Koldo Serra, a la hora de concretar ese territorio ominoso en el que la naturaleza alberga el misterio. Una querencia que desde Murnau ha dado al cine un buen puñado de obras maestras. Durante esa mitad, incluso durante su primera hora, Eskalofrío se sostiene gracias al trabajo estético de su fotografía, impactante y ajustada sin perderse en el efectismo gratuito. En ellos Isidro Ortiz muestra sus cartas. Con ellas se habla de un adolescente cuyo padre no ha sabido estar a la altura, víctima de una enfermedad por la que no soporta la luz del sol y que en compañía de la madre se refugia en una casa cercana al bosque para evitar las burlas de los demás. La historia, además de sugerente, prometía un buen desarrollo pero un desenlace banal y unos actores secundarios que parecen de broma malogran lo que era una sugerente e inquietante película.
Dirección: Isidro Ortiz. Intérpretes: Junio Valverde, Blanca Suárez, Jimmy Barnatán, Mar Sodupe, Francesc Orella, Roberto Enríquez, Andrés Herrera, Paul Berrondo, Anna Ycolbazeta. Nacionalidad: España. 2008. Duración: 91 minutos.