MI historia consta de dos partes bien distintas que quiero diferenciar. El pasado día 20 de junio recibí el alta en el Hospital de Navarra después de una importante intervención quirúrgica. De la intervención y de mi posterior estancia en el hospital solamente tengo palabras de agradecimiento para todos sin excepción.
La segunda parte de la historia comienza el día 27 del mismo mes. Como consecuencia de una complicación el médico de familia me deriva a urgencias del Hospital de Navarra al que llego a las 17 horas acompañada de un familiar.
Espero mi turno, como es de rigor, y después de realizarme diversas pruebas, a las 21.30 horas me comunican que debo ingresar en observación durante uno o dos días.
A las 22.30 horas me comentan que aún tardarán un poco en prepararme la cama porque están un poco agobiados.
Decidimos que mi acompañante se vaya a casa ya que en la sala de observación no se permite la presencia de ningún acompañante.
A las 23.45 horas viene la enfermera para acompañarme a la habitación. Con la enfermera presente, me llama la médico de guardia en urgencias y me dice que, una vez consultado con la hematóloga, se ha decidido que no es necesario mi ingreso . Que me vaya a casa y... ¡que vuelva al día siguiente para un control!
Les juro que si me pinchan no sangro. Me encuentro a 50 kilómetros de casa y sola, a las 12 de la noche y para tener que volver al día siguiente. ¿Cómo se puede llegar a esta situación? ¿Dónde está la coordinación y la unificación de criterios para no volver loco a un paciente que bastante tiene con lo que lleva encima? ¿Dónde la sensibilidad para discernir situaciones? ¿Qué somos para ellos? ¿Sólo historiales?
Sólo quiero pedir que, si no pueden aliviarnos, por lo menos que no empeoren nuestra situación con hechos como éste, y denunciarlo ante quien corresponda para evitar que se repita.
María Isabel Jaurrieta