Las mujeres latinoamericanas son un colectivo importante dentro de los 1.964 inmigrantes que residen en Burlada.Foto: antonio olza
La reagrupación genera nuevos conflictos a las latinoamericanas en Burlada La adaptación a otros valores y roles dificulta la adaptación de las inmigrantes con hijos
35 mujeres han colaborado en un estudio de Servicios Sociales que analiza los problemas de 600 latinas burlada. Es la otra cara de la inmigración, la menos conocida, la que ya ha resuelto las necesidades logísticas del traslado a un país más avanzado, pero tiene que afrontar una nueva realidad, la que surge de rehacer su familia y de redefinir casi en absoluta soledad las relaciones en una sociedad muy distinta. Mujer latinoamericana, asentada en el municipio, que ha logrado la reagrupación de su familia (niños pequeños y adolescentes) pero que se enfrenta a otros desafíos. Llegan solas, luchan por tener los papeles y un trabajo, se adaptan a una nueva cultura, consiguen traer a sus hijos después de cuatro o cinco años sin verles, y muchas veces conviven varias familias en una misma vivienda. Asumen una "sobrecarga" de responsabilidades (económicas, mantenimiento de vínculos familiares, conseguir vivienda, reagrupación...) para cubrir las "altas expectativas" puestas en la migración. A lo largo de este proceso migratorio se produce un cambio de roles, experimentan cambios importantes "de crecimiento personal" y nacen nuevas relaciones con los miembros de su familia. Depresión, soledad y dolores físicos son algunos de los síntomas de un cambio, el migratorio, especialmente "traumático" para la mujer pero también para los niños que ya no son pequeños. Así se desprende de las encuestas realizadas a 35 mujeres suramericanas y 13 menores que han dado pie a un estudio realizado por el Ayuntamiento de Burlada, reforzado con la opinión de los profesionales de salud (incluyendo salud mental) y educación de la localidad, y coordinado por los Servicios sociales municipales. Firman el trabajo la técnica de inmigración de Burlada Sara Soto, la psicóloga Rosa de la Cruz, la educadora Amaya Alonso y el coordinador de los Servicios Sociales Ricardo Luque, y ha contado con el apoyo del Gobierno (3.000 euros) y del Ayuntamiento (500) para recompensar a ese grupo de mujeres que han colaborado.