Quince artistas, quince maneras de crear y quince recuerdos a un maestro de la música: el violinista pamplonés Pablo Sarasate. Quince regalos personalizados y pasados todos ellos por el tamiz de la creatividad libre de reglas. Grandes en tamaño y en valor, porque todos nacen de una intención sincera: la de expresar a través del arte. Así son los violines gigantes que desde ayer decoran el Paseo de Sarasate de Pamplona. Cada uno es en sí mismo una obra de arte, y juntos conforman una original exposición al aire libre que invita a los paseantes a detenerse, rodear, mirar desde uno y otro ángulo y sentir la musicalidad que todos, cada uno a su manera, desprenden.
La muestra, que permanecerá instalada hasta el 15 de octubre, se presentó ayer en el mismo paseo en un acto en el que intervinieron el consejero navarro de Cultura, Juan Ramón Corpas, que calificó la iniciativa de "una alegría para la vista" debido a su "buen tono artístico y su ingenio"; y la alcaldesa de Pamplona, Yolanda Barcina, quien dijo estar "sorprendida" por la "gran calidad" de las obras. Además, asistieron a la presentación varios de los artistas participantes.
Algunos se han inspirado en una pieza musical de Sarasate; otros, en el entorno en el que creció y vivió el violinista, o simplemente en lo que les evoca la palabra música.
flamencos y zapateados Coloridos o en blanco y negro, con alas o pájaros, con las cuerdas sueltas al viento y vendados, con motivos de graffiti, geométricos, con dibujos más o menos clásicos, abstractos o vanguardistas... los violines son tan diversos como las manos que los han creado. El de Javier Balda, por ejemplo, está decorado con los colores básicos de su obra pictórica: blanco, negro, naranja y azul. "Lo he transformado en mi línea, desestructurándolo a la manera en que Sarasate innovó el tratamiento de interpretación del violín, con todas esas disonancias que él sabía cómo forzar para dar con las melodías", explica el pintor pamplonés, que también homenajea en la obra a su padre: "En sus tiempos jóvenes fue violinista y admirador de Sarasate", cuenta.
El de la escultora Teresa Saracho llama la atención por sus impactantes lunares rojos sobre negro y la peineta que culmina el instrumento: "He querido transformarlo en un cuerpo de mujer en un traje flamenco; las curvas, las redondeces del instrumento invitan a eso. Ya no es un violín, es una mujer flamenca con su vestido, y con ese punto barroco que dan las formas redondeadas, los lunares, el brillo de la pintura, la peineta...", dice.
Alicia Otaegui ha partido de la obra de Sarasate Zapateado , y ha llenado su violín de zapatos de diseños, épocas y tallas muy diversos que remiten a la "universalidad de la música de Sarasate", dice la artista. "La obra tiene doble lectura: de lejos, parecen motas negras sobre blanco que recuerda a la grafía musical, y cuando te acercas te das cuenta de que son zapatos y forman el zapateado ", explica Otaegui, que recurrió a rastrillos y a traperos de emaús para hacer acopio de zapatos diversos que van desde sandalias de peregrino hasta diseños exquisitos de tacón. Una vez elegidos, los pintó, los pegó y los atornilló al violín que ahora los luce. Patxi Ezquieta ha dado alas a su violín rememorando todo un icono de la historia del arte: la Victoria de Samotracia. Así, uniendo las alas y el violín, el artista rinde su particular homenaje a la música, el arte, Sarasate. La obra se completa con "una mano de pintura irisada, perlada, que le da esa apariencia ligera, angelical", explicaba ayer el autor.
graffiti y colorido El artista del graffiti Carlos Cenoz ha imprimido a su violín una de las huellas más vanguardistas, con una idea: "Reflejar el pasado y el presente de Navarra, la tierra de Pablo Sarasate", dice. Así, en la parte frontal de violín se alude a una imagen moderna de la comunidad, mientras que en la trasera se refleja el pasado mediante un dibujo que remite al entorno rural. La obra combina la técnica del aerosol con detalles en acrílico y pincel.
Por su parte, Sagrario San Martín es una de las artistas que se ha servido del colorido alegre y vistoso para expresar la alegría que evoca la música. "También puede evocar tristeza, pero en este caso me he decantado por la alegría, por el divertimento", comentaba ayer la artista, que ha incluido en su obra lunares, flores, letras, notas musicales y, en la parte de atrás, una partitura del Capricho Vasco de Sarasate.