'miles gloriosus' Autor: Plauto. Versión de Juan Copete. Dirección: Juan José Afonso. Intérpretes: José Sancho, Pepe Viyuela, Cesáreo Estébanez, María Ruiz, Aitor Luna, Ana Trinidad, Esther Ortega, Alejandro Tejería, Javier Losán, Germán Vigara. Lugar y fecha: Teatro Gayarre, 26 y 27/08/08. Público: Media sala (en la función del 26).
POR pedro zabalza
La obra Miles gloriosus llega a Pompaelo/Pamplona laureada por el favor del público, que la ha convertido en la producción más vista de la historia del Festival de Mérida. Si consideramos que este festival supera ya holgadamente la cincuentena de ediciones, y echamos un vistazo a los montajes que por él han pasado, repletos de grandes nombres del teatro, podríamos suponer que nos encontramos ante algo interesante. Si Miles ha convencido a miles, forzosamente Miles ha de merecer la pena. Pues bien, vista la obra, habrá que concluir que al menos se produce una peculiar identificación entre ella y su personaje principal: como el soldado fanfarrón del título, parece gran cosa y presume de serlo, pero se queda en nada cuando se la mira de cerca.
En fin, está claro que Roma (el público) sí paga a traidores (con perdón). Así que supongo que el equivocado, o el traidor, debo de ser yo, que creo que el teatro ha cambiado mucho desde que Plauto escribiera sus comedias, y que, por tanto, para adaptarlas a los usos del teatro actual hace falta algo más que actualizar los chistes y vestir a los personajes de carnaval. Más bien me temo que lo que no ha cambiado es el público, que lo que desea es reírse a toda costa con poquito que se le dé. En Mérida, la obra contó además con el fácil recurso de trasladar la acción a la antigua Emerita Augusta, que eso de echar mano del localismo suele funcionar. En Pamplona, esta argucia no se pudo emplear y la respuesta del público no fue, no sé si por esto o por más razones, ni mucho menos la misma.
Más allá de la arqueología teatral, en el texto de Plauto hay buenos mimbres para una comedia de situación, con enredos casi vodevilescos, o con la construcción de un engaño del que participa todo el mundo, incluido el público, salvo el engañado: el incauto soldado fanfarrón. Hay también un excelente material para construir personajes divertidos, llenos a la vez de gracia y de malicia. Pero para que todo esto funcione, es preciso en primer lugar manejar las situaciones con un cierto sentido del ritmo, que hay pasajes de esta versión, especialmente en su primera parte, que resultan más tediosos que divertidos. Y no preocuparse tanto de que el público vea el pasadizo entre las casas de Gallomáximus y Bonifacius (que además no se ve), o de mover las puertas de las mencionadas casas para simular que la acción transcurre en el interior (sobre todo si luego los actores no se preocupan de estos límites).
Y llegamos por fin al apartado interpretativo, donde por fin vamos a encontrar algo de lo salvable de Miles Gloriosus. Sobre todo en su protagonista, Pepe Viyuela, un actor que se toma muy en serio esto de ser cómico. Al contrario que José Sancho, al que no termino de ver en su papel. Y me da que él tampoco, porque no hace ni arrimarse a su personaje. Parece que interpreta desde fuera, si tal cosa fuera posible. En fin, con todo, sus tablas le permiten con esta faena de aliño ponerse bastante por encima de otros compañeros de reparto. Salvaremos también a Esther Ortega, que da vida a una cortesana plausible, y a Cesáreo Estébanez, que sabe hacer de cascarrabias, aunque sea a veces a costa de la inteligibilidad. Y pasemos por alto lo demás. Al menos la obra nos da una lección de historia. Contemporánea. Roma no terminó de caer en el siglo V. Aún se la puede empujar más abajo.