pamplona. Frente al efecto narcotizane, alienante que provoca la sucesión repetida de imágenes de violencia en el telediario, la prensa o Internet, Miguel Pueyo (Pamplona, 1974) opta por dar al espectador más imágenes, pero imágenes a las que puede acercarse, a las que puede enfrentarse, que puede rodear con su cuerpo, mirar desde diversos ángulos, tocar, sentir. "Quizá de esta manera el impacto sea mayor", dice el artista, que inauguró ayer su exposiciónPerros de Estigia en el Centro Huarte de Arte Contemporáneo.
La muestra, fruto de un año de trabajo y que se enmarca en el ciclo de las Ayudas a la Creación en Artes Plásticas y Fotografía 2007 que concede el Gobierno de Navarra, permanecerá en la sala Plataforma hasta el 28 de septiembre. En ella, instalación, fotografía y vídeo dialogan para plantear al visitante cuestiones sobre la moralidad y la conciencia, el terrorismo, el bien y el mal, la vida y la muerte. Sobre la violencia. Algo que a Pueyo le "repugna", pero que, dice, "está ahí, forma parte de mi realidad, de la realidad de todos, y hay que reflexionar sobre ello". Él lo hace desde el punto de vista del arte, sin dramatismos. "No quiero crear obras excesivamente comprometidas o polémicas, por eso las envuelvo de un halo de teatralidad. Así, aunque el espectador puede enfrentarse a las piezas con bastante dramatismo, siempre dejo la escapatoria del arte", explica el creador pamplonés. Los andamios que presiden la sala Plataforma subrayan al visitante que se encuentra en un terreno ficticio. Es la mentira del arte, que permite a Pueyo hablar de algo tan real y doloroso como el asesinato, la muerte, las pesadillas por culpa de la conciencia o, al contrario, el sueño plácido -para él, que duerme, pero inquietante para el que mira- por haber cumplido el objetivo : quitar una vida.
asesino y víctima, el bien y mal Inmediatamente, los ojos del espectador se posan sobre una inquietante figura encapuchada y vestida de negro que permanece sentada en una silla frente a una mesa de madera. Es el terrorista, que "impone su mensaje a la fuerza". En la situación en que lo ha ubicado Pueyo, el asesino se graba a sí mismo hablando frente a una cámara de vídeo. "Pero está contando sólo lo que él quiere contar, es un tramposo", añade el artista. El espectador lo intuye nada más mirarle, pero se lo confirman los dos brazos de más -la figura tiene cuatro- que, al agacharse, ve escondidos bajo la mesa y que, tal y como explica Pueyo, "por un lado nos están diciendo precisamente eso, que el tipo oculta algo, un as bajo la manga que no quiere desvelar; y por otro, nos dicen que es un tipo monstruoso, de cuatro brazos, un ser que ha perdido su carácter de humanidad convirtiéndose en un ser muy cercano a lo maligno".
La figura de negro, que encarna la amenaza, el mal, se contrapone a la que es la otra pieza más poderosa de la exposición, que, blanca inmaculada, se eleva hacia el cielo al otro extremo de la sala. Es la víctima cubierta con la sábana, que encarna el bien. "Es espiritual y dura porque representa un asesinato, pero no es tan dura como si estuviera puesta en el suelo. Aquí, en realidad no existe tal cadáver, está ya en una fase más espiritual, de elevación", cuenta el artista. Y si el visitante rodea esta pieza hecha de resina, descubrirá eso, que el cadáver no es tal cadáver.
'sosias. El terrorista. el escolta.' Frente a la claridad con la que se expresa Miguel Pueyo en las dos piezas principales de la exposición, diferenciando sin tapujos entre el bien y el mal, entre asesino y víctima -"algo que creía necesario", dice-, la ambigüedad, que late en las dos fotografías tituladas Sosias, el sueño. El terrorista. El escolta . Obras que sí dejan algo a la imaginación del público. En las dos imágenes, el sujeto está tumbado en una cama. En la primera, inquieto por las pesadillas; mientras que en la segunda duerme plácidamente.
¿Quién es el terrorista?, ¿quién el escolta del político? ¿O quizá son los dos en ambas fotografías? "Si el terrorista no duerme bien, puede tener conciencia; si el escolta no duerme bien, puede que tenga miedo. Por otro lado, si el escolta está durmiendo bien es porque sabe que ha cumplido con su trabajo y ha salvado una vida; y si el terrorista está durmiendo bien es porque ha cumplido con el suyo y ha quitado una vida. Dejo esa dualidad: ambos pueden tener un carácter de humanidad y de inhumanidad", cuenta Pueyo.
muerte 'natural' La exposición se completa con un vídeo que se proyecta en una habitación construida ex profeso para albergarlo, y en el que a lo largo de 17 minutos se muestra a un hombre caminando desnudo por un paisaje que se va suavizando a cada paso. "Las rocas duras pasan a ser pequeñas piedras, grava, arena y arena finísima". Pero a pesar de que el paisaje se suaviza, el caminante cada vez se cansa más y más, hasta que finalmente cae y muere por agotamiento. "Es el contrapunto a la violencia por la acción humana", dice el artista, que agradeció ayer tanto al Gobierno foral como al Centro Huarte la "fantástica oportunidad" que le han brindado. "El resultado de la exposición es espectacular, estoy muy satisfecho", dijo.