ARÍ sola y con dolor, en marzo del 68. Nicola compartió mi leche con otro niño castreño. Creciendo en plena transición fue testigo directo de todos los cambios que iban sucediéndose. Junto a otros niños de Castro-Urdiales, pudo disfrutar de la primera asociación de padres, de vecinos y revista, de las que fui fundadora, secretaria, vocal y colaboradora. Sufrió en su inocente espíritu la terrible, ardua y dolorosa lucha llevada a cabo por mí, en defensa de mi hijo pequeño. Eso sí, señor rey, siempre, siempre, sin violencia y sin sangre.
Para que mis dos hijos de sangre no fuesen devorados por los indeseables, me vi obligada a salir de mi pueblo. Trabajando día y noche, dentro y fuera de casa, conseguí criar a mis hijos y darles a cada uno las carreras que eligieron. Entonces sin la EGB, me formé y hoy soy licenciada, investigadora, doctoranda y políglota. Todo lo hice sola y sin ayuda de nadie, ni física ni económica. Ése era el ambiente que mi hijo Nicola respiraba en casa.
¿Qué le ha podido suceder a Nicola para tener la osadía de escribir sobre un oso?
¿Está claro, verdad, señor rey? ¡La libertad! ¿En qué puede manchar su nombre lo escrito, señor rey? El fiscal, condenando a estos jóvenes, libres pensadores, en nombre del rey de España, lejos de ensalzar al rey, lo envilece. En cambio, yo sé de una persona que no sólo ensucia su noble nombre, también el de toda la corona, y el de todos los súbditos que vivimos bajo su manto protector. Los españoles.
El susodicho es italiano, de Sicilia. Tío paterno de Nicola. Ex magistrado del Supremo en Roma. Obtuvo cinco viviendas sociales en Castro-Urdiales, que desde su mismísima posesión han sido alquiladas. Las mencionadas viviendas, hacen parte del capital de una empresa inmobiliaria, llamada Inmobiliaria Diodon SA. Como le iba contando, señor rey, ese ilustrísimo (que así se hace llamar, y razón por la que no uso tal denominación para dirigirme a usted, en el respecto que usted bien se merece) dice ser amigo suyo y de toda la familia real. Y el ilustrísimo, ex magistrado del Supremo en Roma, muestra a todos el título nobiliario español de la reina Isabel la Católica, hinchado y agresivo como el Diodon que siempre ha sido. El título, reza dado por usted, en nombre de los servicios sociales prestados en beneficio de España. Sí, sí, señor rey, el ilustrísimo, tiene un título nobiliario español. Lo he visto con estos ojitos… con estos ojitos que me quieren arrancar… Sí, sí, señor rey, es verdad verdadera.
Pues bien, señor Don Juan Carlos de Borbón y Borbón-Dos Sicilias, rey de España. Estoy completamente segura que usted no sabía nada, de nada de lo que le estoy diciendo y que siendo justo, como parece ser, va a poner justicia por el medio. Porque en democracia no se debería condenar a un filósofo por pensar, que es la condición natural del ser filósofo. Y mucho menos premiar, con título nobiliario español, a un ex magistrado del Supremo en Roma, que tiene en poder cinco viviendas sociales en suelo español, y selladas con la sangre de víctimas españolas inocentes. Cuando la obligación de jueces, fiscales y magistrados, aquí y en cualquier lugar del mundo, es la condición de ser justos y honrados. ¿No le parece?
Con todos mis respetos, espero que usted pueda deshacer semejante entuerto, y si el fiscal Zaragoza quiere honrar al rey de España, que elija al siciliano y que no enmierde su nombre con mi hijo. ¡No con mi hijo!
María Evangelina Cobo Zaballa