Garrick Compañía: Tricicle. Guión y dirección: Tricicle. Intérpretes: Joan Gràcia, Paco Mir y Carles Sans. Lugar y fecha: Teatro Gayarre, 4-7/09/08. Público: Rozando el lleno (en la función del 4)
POR Pedro Zabalza
TRICICLE rinde homenaje en el título de su último espectáculo a David Garrick, un hoy olvidado actor inglés que alcanzó una notable fama allá por el siglo XVIII. A Garrick le atribuye Tricicle ser el precursor de la risoterapia: según aseguran, los médicos le enviaban pacientes para que les curara los males de espíritu (las depresiones y el estrés, diríamos ahora) mediante la extraordinaria capacidad para la comedia que debía de poseer el farandulero británico. Confesaré que he rebuscado por ahí y no he hallado nada de eso. De Garrick lo que se destaca es su talento para representar a Shakespeare y su innovador estilo naturalista. Así que la historia del actor dieciochesco tiene más pinta de excusa que de otra cosa. Como excusa es el disfraz de experimento médico con el que se viste a este Garrick . Tricicle quiere mantener de algún modo su tradición de montajes temáticos , con un leitmotiv que unifique el conjunto de sketchs , y esta idea de los poderes salutíferos de la risa les viene de perlas para presentar sus gags como una especie de catálogo científico de los diferentes tipos de humor.
Excusas como las que le pone un fumador al médico para no abandonar el hábito. Pero lo importante es que la salud se mantenga. Y Tricicle demuestra con Garrick que la suya sigue estando en niveles muy altos. La edad no ha mermado sus facultades. Han pasado casi una treintena de años entre aquel Manicomic y este Garrick , y Tricicle sigue permaneciendo fiel a su estilo. Su forma de humor es perfectamente reconocible (incluso imitada) pero el trío consigue renovarla espectáculo tras espectáculo sin repetirse. La fidelidad al teatro gestual, su sello peculiar, se ha visto progresivamente comprometida por un coqueteo con la palabra que nunca ha traspasado ciertos límites de cortesía. En sus montajes puede haber voz en off , pero ellos no hablan; no al menos más allá de ciertas interjecciones con una intención más onomatopéyica que otra cosa. Para no caer en la tentación de hablar, en Garrick incluso cantan: un recurso que tiene más de autoparodia que de necesidad.
Hacíamos referencia a Manicomic . Garrick se acerca al espíritu de aquel primer espectáculo porque es, pese al antes mencionado intento unificador, un catálogo de números sin una temática común. Bueno, también la argamasa argumental de Sit era bastante endeble y era un buen montaje. Lo importante es la calidad del humor por encima de otras consideraciones para no repetir errores como el de Terrrific , muy bien acotado temáticamente, pero irregular. En Garrick, la práctica totalidad de las escenas es de notable alto. Descartaría tal vez el número del museo, que despierta ciertas dudas al inicio del montaje; dudas que se superan con el excelente sketch de los ladrones, y que se transforman con otros, como el del ascensor o el del pintor, en una patente evidencia: estos tíos lo han vuelto a hacer. Dan una vuelta de tuerca a su relación con el sonido en un precioso número con efectos sonoros realizados en directo. Demuestran que la imaginación saca partido a lo más simple creando un mundo con una tiza. O se lanzan sin cuartel a la búsqueda de nuestra risa con la parodia de los hombres embarazados, el número más puro Tricicle de todos, de los más simples, pero también de los más graciosos. Con él cierran el espectáculo. Será todo una excusa, pero es verdad que uno se siente mejor.