Su sonido nos es familiar desde que nacimos. Los de Pamplona lo asociamos a San Fermín, a la procesión, al momentico , a los bailables de la plaza del Castillo, a los pasacalles, a los gigantes... En determinados pueblos se oye también en carnavales, fiestas patronales, y cómo no, en bautizos y bodas, entre otras celebraciones.
El txistu y los txistularis forman parte de la tradición musical y folclórica de Navarra desde la Edad Media, época a la que numerosas hipótesis asocian los orígenes del instrumento. Entre ellas, la que recoge Mikel Aranburu (Pamplona, 1955) en su libro Niebla y cristal. Una historia del txistu y de los txistularis (Pamiela). "Me refiero al conjunto de flauta y tambor, claro, porque la flauta en sí es un instrumento antiquísimo", matiza. Descubrir que con sólo tres agujeros se podían hacer los mismo sonidos que con más agujeros, lo que permitía liberar así una mano para llevar la percusión, fue toda una revolución del mundo instrumental de la Edad Media. "Suponía que un solo instrumentista, una sola cabeza llevase la melodía y el ritmo, lo que es ideal para la danza", cuenta Aranburu, miembro de la Banda Municipal de Txistularis de Pamplona desde 1975. Lo que no está claro de los orígenes del instrumento es dónde nació, aunque se cree que fue una invención europea y que en un siglo apareció por todos los reinos cristianos europeos de la época, desde Alemania, Países Bajos, Inglaterra, Francia, Península Ibérica...
navarra, clave en la expansión
Uno de los reinos más potentes
Al parecer, el txistu llegó a Navarra en la Edad Media a través de su Corte Real, "muy preocupada por los temas artísticos en general, y con muchos contactos en otros reinos europeos. En aquella época, el Reino de Navarra era uno de los estados más potentes de Europa", recuerda Mikel Aranburu. Así, se cree que a través de esa Corte poderosa y el gran tráfico de artistas, la Comunidad foral, Reino entonces, hizo de puente de diversificación y difusión del instrumento, al contratar y traer músicos de flauta y tambor de Alemania y otros países del continente. De la época medieval no han quedado documentos escritos que den constancia de esto, pero sí elementos iconográficos que aluden al txistu y los txistularis. Por ejemplo, los hay en el claustro de la Catedral de Pamplona, los hubo en San Cernin y uno de los más antiguos está en el canecillo del Monasterio de la Oliva.
renacimiento
Otras modas desplazan al txistu
Así como el txistu alcanzó el éxito de una forma casi repentina, también comenzó a desaparecer rápidamente por todos los lugares en los que antes había tenido esplendor. Fue en el Renacimiento. "Llegaron otras propuestas musicales de más nivel o que encajaban más con los gustos de la sociedad. Otras modas que fueron relegando al txistu y limitándolo sólo a los folclores de algunas zonas, como si fuesen islas, desapareciendo la hegemonía del instrumento. Y cada folclore evolucionó a su ritmo y a su aire", cuenta Aranburu.
ilustración
Empuje académico, funcional
A finales del siglo XVIII, el movimiento ilustrado le dio al txistu un empuje funcional y académico muy importante. Un resurgimiento que se aprovechó más en Vizcaya y Guipúzcoa que en Navarra. De ser un instrumento atemperado, asilvestrado, que cada uno se lo fabricaba a su aire y con pocas posibilidades de sobrevivir, pasó a tener más vías de desarrollo que permitieron hacer dúos, bandas de txistularis, establecer sistemas de construcción normalizados y sistemas pedagógicos que mejoraron la técnica y la calidad del instrumento. Ese empuje fue clave para la supervivencia del txistu, le dio la posibilidad de interpretar piezas cada vez más complejas y le brindó nuevos espacios de audición, tanto en cámara como en la adaptación a nuevas melodías, como la cachucha o el pasodoble.
siglo xix y principios del xx
Del declive a la revitalización
Al llegar muy tarde a Navarra la evolución ilustrada, durante todo el siglo XIX el txistu se limitó a zonas rurales. El violín, el clarinete, el acordeón, la gaita o dulzaina -y ya en los primeros años del siglo XX los quintetos de metal- entraron con fuerza y lo desplazaron. Además, hasta mediados del siglo XIX Pamplona era la ciudad más importante de lo que hoy es Euskal Herria, pero al llegar la Revolución Industrial, la capital navarra se quedó atrás. Esto repercutió en la cultura. "Los chunchuneros se quedaron en los pueblos pequeños como única forma de diversión, hasta que fueron desapareciendo", dice Mikel Aranburu, quien añade que "el Ayuntamiento tampoco hizo nada especial por el instrumento. Lo que le preocupaban sobre todo eran los Sanfermines, y eso sí lo organizaba trayendo txistularis, pero el resto del año no hacía nada por tener más vida festiva y cultural". A finales del siglo XIX, cuando el txistu languidecía, surgió un movimiento romántico en el que tuvo mucho que ver la Asociación Éuskara de Navarra. Fue una especie de prenacionalismo vasco que defendía la vuelta a los elementos de la cultura tradicional, y ahí la atención se volvió hacia el txistu.
siglo xx
Símbolo identitario, con el nacionalismo vasco
Ya en el siglo XX, lo que fue un movimiento romántico derivó en el nacionalismo vasco, que quiso tomar una serie de elementos de la cultura tradicional como símbolos propios. Y, tal y como recuerda Aranburu, "al txistu le tocó. Eso le vino bien y mal, porque por un lado recibió un impulso potente de las élites políticas y culturales, pero por otro recibió el ataque del nacionalismo contrario al vasco, del español. Se convirtió en una especie de arma arrojadiza".
la década de los 80
El último y mayor salto del txistu
A principios de los 80, hace unos 30 años, se produjo el que hasta ahora es el último y mayor salto que ha dado el txistu: su incorporación a los estudios oficiales de música en los conservatorios. Ello trajo consigo una línea importantísima de investigación, de desarrollo del músico, de afinación, construcción... De alguna forma se revolucionó otra vez el instrumento. Figura clave fue la del donostiarra José Ignacio Ansorena, director de la Banda de Txistularis de San Sebastián. "Fue quien se empeñó en llevar el txistu hasta ese extremo, y gracias a eso hoy tenemos el mayor nivel que ha habido en la historia del txistu en cuanto a profesionales y a calidad", afirma Aranburu, al tiempo que destaca que "lo que se ha perdido es el aprendizaje por tradición oral, pero sigue habiendo txistularis aficionados que tocan por gusto en grupos de danzas, fiestas de pueblos o en bandas, sin ser necesariamente titulados".
hoy
Explorando nuevas vías
El momento que vive hoy el txistu es "bueno", según valoran los especialistas en el instrumento. "Conserva el espacio propio ligado a lo tradicional, vinculado a fiestas, romerías y actos protocolarios como procesiones, y además ha ganado espacios nuevos, sobre todo en el mundo de la música de cámara", señala Mikel Aranburu. En este aspecto, destaca la fusión que se está llevando a cabo del instrumento con propuestas más modernas. "Ahora muchos grupos introducen el txistu con otros estilos, se están explorando nuevas formas de interpretar y acercar el instrumento a la gente", concluye el txistulari pamplonés.