para los vecinos de Sarriguren, Badostáin es algo más que unas vistas verdes y un lugar de esparcimiento, "es su pulmón" más inmediato. Sus colinas, senderos, los rebaños de ovejas, los tractores que labran los campos de cebada y la ermita de Nª Señora (del s. XIII), erguida sobre un altozano, y la silueta de las viviendas empedradadas de este núcleo rural -antiguo señorío- son líneas simbólicas que se entrecruzan conformando la idiosincrasia natural de un pueblo típico de la Comarca de Pamplona. Hacia 1850, Badostáin contaba con escuela propia y disfrutaba de una extensión notable de tierra cultivable (2.700 robadas de tierra que rendían tres por uno). Pequeño en casco urbano pero grande en dominios, con una superficie de alrededor de 800 hectáreas muy codiciadas dada su proximidad a Pamplona. Hoy, la sombra del duro cemento se cierne sobre las praderas de cereal. El nuevo Plan Municipal que ha aprobado inicialmente el Ayuntamiento del Valle de Egüés (30.000 viviendas) ordena el 75% del término concejil (634 hectáreas) ya que éste se extiende hasta el mismo límite de lo que ahora ocupa Sarriguren además de Sanquín, donde se dibuja en el proyecto urbanístico un polígono industrial.
Por encima de todo, pasar de 400 a 80.000-90.000 habitantes es un delirio, reconocen Xabier Ziritza y Ángel Irurtia, en representación del concejo. En caso de desarrollarse, el pueblo quería rodeado como "un islote" de unas 18.000 viviendas, cálculos que obtienen al sumar a las 7.000 previstas junto a este núcleo las 9.000 enfrentadas a Sarriguren pero que son terrenos de Badostáin y otras 3.000 de la capacidad de la reserva de suelo "urbanizable no sectorizado" prevista en el planeamiento.
"El pueblo no quiere que se construyan más viviendas, pero lo que más nos defrauda es que el Ayuntamiento de Egüés nos haya ocultado información. Todo plan debe empezar por un proceso de consulta y participación ciudadana", destaca el presidente del concejo, Xabier Ziritza. "Estamos dispuestos a hablar con las administraciones públicas de cuál debe ser el modelo de desarrollo de la Comarca, pero con unos estudios sobre la mesa, datos sobre necesidad de vivienda, y diferentes alternativas para que haya un desarrollo armónico del territorio", remarcan. Precisamente, una de las alegaciones presentada conjuntamente por los concejos de Ardanaz, Badostáin, Egüés, Ibiricu y Olaz, los cinco núcleos más afectados por el proyecto urbanístico, tenía que ver con el hecho de que "no se nos haya tenido en cuenta". "Hemos pedido información desde que se paralizó el primer plan, y se nos dijo que habría pequeños cambios, retoques. El 18 de junio, el Ayuntamiento nos presenta la nueva estrategia y el plan que aprobaron en Pleno el 3 de julio. El 20 de junio pedimos una reunión informativa y no se nos contesta hasta un día después de que se cerrara el plazo de alegaciones. Está todo documentado", señala Ciriza.
En 1999, los concejos del valle de Egüés firmaron un convenio con el Ayuntamiento dirigido por Iñaki Galipienzo para ceder sus competencias con el compromiso por parte del Consistorio de "dialogar y consultar a los pueblos sobre cualquier decisión". Lejos de aquel planteamiento, en estos momentos se "atropella la decisión un pueblo que quiere mantener su idiosincrasia y personalidad propia, y se defienden desde el Ayuntamiento otros intereses ajenos a la población", remarca Ángel Irurtia. "Estamos hablando de que hay más viviendas que habitantes y un 30% de ellas están vacías", subrayan desde un concejo que depende en estos momentos de Mendillorri y Mutilva Baja en servicios educativos y sanitarios.
Por otro lado, critican que para justificar este plan se esté "confundiendo sostenibilidad y rentabilidad". "Dónde van a ir a trabajar los ocupantes de esas 30.000 viviendas, qué servicios van a tener. No podemos crear barrios artificiales y hablar de que la población crece por la inmigración, porque si fuera así estaríamos hablando de crear un gueto", observan.
Otra de las objeciones del concejo a este macroplan es la "falta de rigor" en su contenido técnico y el hecho de que se haya incluido, por ejemplo, un tramo de la ronda Supereste desconexo de Huarte o Aranguren y "sin un estudio de tráfico", o la balsa de Ustárroz, cuando existe "una mucho más cerca, a apenas un kilómetro, en Zolina". "En Ustárroz va a ser necesario canalizar el agua hasta allí porque no hay ni siquiera una poza y no se han hecho estudios más en profundidad de sus posibilidades", agregan.
Tampoco ven serio que el nuevo plan no plantee ninguna de las alternativas previstas en el primer proyecto o el "contrasentido" de apelar a que "la ciudad ecológica de Sarriguren ahora no es sostenible y sí lo es una de 70.000 habitantes". Las movilizaciones del concejo comenzaron con su plante contra un primer proyecto para 4.500 viviendas impulsado en la legislatura pasada por un grupo de promotores porque "no se veía que fuera trigo limpio". La mayor propiedad de estos terrenos se mantiene en manos de los mismos constructores y del propio concejo. Nuevos proyectos pero los mismos suelos, reconocen. Su futuro pende en estos momentos de un dibujo con manchas y densidades.