El Día del Caballo de Marcilla volvió a congregar en los fosos del castillo a numerosos jinetes y aficionados del arte ecuestre, y a miles de vecinos y visitantes en torno a los diferentes espectáculos. Pese a que desde hace cuatro años no se realizan transacciones de animales, la cita se mantiene con fuerza y sirve como reunión de amigos aficionados al mundo del caballo.
La lluvia de la mañana mermó la cifra de visitantes esperada pero se mantuvo el programa de actos. Entre los más espectaculares, se celebró la entrada de yeguas y bueyes, arropados por los jinetes. El protagonista de la entrada de bueyes fue Ander Granados, un niño que se atrevió a abrir la marcha ante las bestias montado en un poni. "Ha sido muy valiente", comentaba su tío Txomin Aguerri, uno de los impulsores de la feria de Marcilla.
También tuvieron muy buena aceptación los paseos a caballo o en carruajes. En los alrededores del castillo se pudieron contemplar numerosos ejemplos de carros históricos y los ganaderos recordaron épocas mejores para las ferias ecuestres. Uno de los equinos que más llamaba la atención fue Rubio , un burguete de tres años que pesa 700 kilos. "Hemos venido con él arrastrando el carro desde San Adrián. Nos ha costado llegar cuatro horas y media", explicaba su dueño, Emilio Ursúa. "Para mí, ésta es una cita obligatoria en el calendario porque sirve para encontrarte con amigos que sólo ves en las ferias", añadía el adrianés. Por su parte, Javier Olcoz Ochoa guió a 14 jinetes de su escuela de hípica Zahorí desde Falces. "La pena es que a la gente le cuesta mucho moverse y sacar sus caballos a la calle", se lamentaba el falcesino. Los jinetes también llegaron de otros puntos de la comunidad foral, como Tafalla, Olite y Pamplona, y de La Rioja.
derecho histórico a la feria Marcilla es una de las localidades que cuenta con un derecho histórico a realizar compra venta de animales, desde el siglo XIV. Así lo demuestra un pergamino que se entregó como recuerdo ayer a los participantes en el Día del Caballo. "Entonces la feria duraba cuatro días", explicaba Txomin Aguerri. Los tiempos han cambiado mucho y, aunque esta tradición se recuperó en Marcilla hace veinte años, desde hace cuatro ya no se pueden realizar transacciones. Aguerri hacía responsable de esto al Gobierno de Navarra, "ya que nos dicen que no merece la pena mandar a uno de sus veterinarios a Marcilla".
Estos inconvenientes restan repercusión de la feria por lo que varios aficionados se han unido con el Ayuntamiento y han creado una comisión para seguir introduciendo novedades para próximas ediciones.