tudela. "Me considero una persona privilegiada porque después de las trabas que me puso la censura con Los golfos (tardó un año en estrenarse, cortaron escenas hasta destrozarla) me desmoralicé tanto que pensé que nunca más iba a hacer cine". Así recordó ayer el realizador Carlos Saura (Huesca 1932) su primera película en el marco del homenaje que el festival Ópera Prima de Tudela le tributó con la proyección de la película Los golfos (1959). Saura explicó que su objetivo era "hacer una película distinta a todo lo que se estaba haciendo", para lo cual se fijó en el ambiente que se vivía en los alrededores del mercado de Madrid. "Mi intención era hacer un cine más suelto y con más improvisación, de hecho muchos diálogos se hicieron sobre la marcha dado que la mayoría no eran actores".
De aquella experiencia, Saura extrajo la característica de improvisar mucho en el rodaje, "aprendí durante el franquismo porque la censura te hacía cambiar todo y luego me acostumbré. Me gusta tener una gran libertad y rodar los planos justos". Pese a la improvisación reconoció que le gustaba dominar todos los aspectos del rodaje, "hace tiempo que me prometí no hacer nunca una película sobre la que no tuviera todo el control", explicó. Dentro de esta libertad, rechazó el guión como una atadura a la que ha de ceñirse la película "como si fuera un lastre de hierro. Me pone muy nervioso repetir en la película lo que ya he escrito".
música y danza Nacido en el seno de una familia muy itinerante (debieron de mudarse de ciudad a otra en varias ocasiones por la guerra y por el trabajo de sus padres), a sus 20 años descubrió su afición por la fotografía, que ha seguido desarrollando toda su vida hasta convertirla en cine. "Hago fotos todos los días porque las considero un testimonio. A los 7 años ya era fotógrafo porque con una cámara de mi padre le hice una foto a una chica que me gustaba y se la regalé".
Saura hizo hincapié en su pasión por la música ("mi madre era muy aficionada al piano") y la danza, "el flamenco lo he vivido desde pequeño porque lo oía a todas horas y en mis películas lo que hago es rodearme de los mejores expertos. Pese a ello me dejo guiar siempre por el instinto", añadió.
Entre las anécdotas que relató destacó la de haber conseguido llevar al número uno en Japón, Francia o Bélgica, entre otros, a Por qué te vas , de Jeannette, que empleó para su obra Cría cuervos (1975). "Le consulté a Querejeta, a Geraldine Chaplin, que era mi mujer, y a los niños que trabajan en la película. A nadie gustó y me pidieron que no la incluyera. Tenía que haber pedido derechos", recordó entre risas.
También del franquismo procede su tendencia a seguir el rodaje de la película en el mismo orden en que luego lo ve el espectador, algo realmente raro en un director de cine. "Me gusta ver cómo crecen los personajes. Hice La Caza (1965) así y me gustó la experiencia", concluyó.