'11 miradas' Autor: Tomás Afán.Dirección: Mariano de Paco Serrano. Intérpretes: Maite Jiménez y Francesc Galcerán. Lugar y fecha: Teatro Gayarre, 11/11/08.
POR PEDRO ZABALZA
Después de La paz perpetua , el Gayarre programa11 miradas, una obra sobre el atentado del 11-M, en esta especie de miniciclo sobre la visión que el teatro aporta sobre el terrorismo y que se cerrará próximamente con Kampillo . Si la pieza de Mayorga tenía pretensiones de reflexión teórica,11 miradas bebe directamente de las fuentes concretas del acontecimiento, intentando ofrecer una visión omnicomprensiva de la tragedia. Como anuncia desde su título, 11 miradas se divide en once breves episodios, cada uno de los cuales explora una faceta del atentado. Así, veremos cuadros que reflejan los estragos físicos y psicológicos en las víctimas, el impacto en los testigos de la masacre, la desolación en los familiares, la compasión en los sanitarios, o, como contraste, la hipocresía en algunos políticos y periodistas.
El director del montaje, Mariano de Paco Serrano, afirma en el programa de mano que la pieza "no es un espectáculo oportunista, es un espectáculo oportuno". Y necesario, además, añado yo, que me parece vital que el teatro se involucre en los problemas reales, y se arañe en los hierros retorcidos de los vagones de la estación de El pozo del tío Raimundo y derrame su sangre sobre los espectadores. Si así fuera, 11 miradas sería un espectáculo imprescindible. El caso es que no lo es, porque estas miradas son poco más que vistazos de reojo. Después de la tragedia, sólo queda la esperanza de la justicia, y este espectáculo no la hace. El tema le queda grandísimo, once tallas más grande.
Cierto que algunas de las historias ideadas tienen un buen planteamiento y sorprenden, como la de la mujer que, después de no haber podido ayudar a una víctima, llega traumatizada a la consulta del psiquiatra y resulta ser ella misma la doctora. Otras intentan ofrecer una visión novedosa, como la del comando terrorista que asiste atónito a un atentado perpetrado por otros, que les revela su auténtica y horrible naturaleza; o la del herido conmocionado que no recuerda si él es uno de los terroristas. Pero algo en ellas nos suena vacío y algo falso, como buenos ejercicios de estilo sin la conexión con la realidad que el tema demanda. Y la mayoría de las escenas se quedan sin más en intentos bienintencionados, pero dramáticamente fallidos.
Por supuesto que el asunto mejoraría si la interpretación superara nuestro caparazón de escepticismo y nos rozara al menos la fibra sensible, pero ni por ésas. 11 miradas descansa sobre el trabajo de dos actores que emprenden ellos solos la titánica tarea de interpretar cada uno a once personajes diferentes. Demasiado para unos actores con unos registros más bien limitados. Si decíamos que la obra no hace justicia, los intérpretes sí que parecen bastante justos. Justitos, más bien.