EN las últimas semanas se está hablando mucho de crisis, de viviendas, de nuevas urbanizaciones, de caída en el precio de la vivienda, aunque quizá sea más apropiado decir que la vivienda no se vende.
Es tal la situación que parece que todos van asumiendo la imposibilidad de crear, al menos a corto plazo, la macrourbanización de Guenduláin y ya veremos qué pasa con las de Etxabakoitz y Lezkairu. ¿Acabará el AVE en la vieja estación de San Jorge? Sin embargo, sobre lo que no se ha visto ningún comentario es sobre el precio del suelo. Para valorar un suelo en el que se van a construir viviendas, que no lo olvidemos, se trata de un bien básico y necesario, hay dos sistemas:
a) Conocer el precio de la venta de la vivienda y, descontando los gastos de urbanización y construcción y el beneficio esperado, calcular cuánto queda para el suelo. Parece que ha sido el sistema utilizado en los últimos años, caracterizados por la venta masiva de viviendas y un continuo incremento de su precio.
b) Valorar el suelo a su precio normal o de uso, es decir, para cultivo, si se trata de suelo rural, y añadirle los gastos de urbanización y construcción y un beneficio lógico para llegar al precio de venta de la vivienda.
Viene esto a cuento de la noticia que se publicó el martes, día 25, en DIARIO DE NOTICIAS, según la cual los alcaldes independientes piden al Gobierno de Navarra que pague el suelo de Guenduláin a los promotores. En el artículo se citan los precios de 30 y 35 euros por metro cuadrado. Pero ¿cuánto pagaría un agricultor por ese suelo para darle el uso al que se ha dedicado desde siempre? ¿Llegarían a pagar mucho más de 0,3 euros por metro cuadrado? ¿A qué se debe la diferencia entre esos 30 céntimos y los 35 euros por metro cuadrado? ¿Pretenden los alcaldes que la mejorable actuación de los promotores la paguemos ahora todos los navarros? ¿Quién debe soportar los errores de cálculo de las empresas privadas?
Por otra parte, si el Gobierno decide comprar efectivamente ese terreno, suponiendo que sea necesario, ya que el informe de Comptos lo ponía en duda, sería el momento de comprarlo por su precio verdadero y empezar a hacer política de vivienda, evitando la especulación. Comprar el suelo a su precio (0,30 euros por metro cuadrado) y establecer algún sistema de control que impida las posteriores ventas especulativas y, en caso de darse, establecer alguna cláusula de salvaguardia que permita a los propietarios del suelo percibir su parte de esas plusvalías. Éste sería un ejemplo, entre otros, de política de vivienda. No podemos olvidar que el que juega a especular puede ganar y perder. ¿O debe también el Gobierno de Navarra compensar a todos los que en este momento tienen ahorros en Bolsa y poseen la mitad del valor que hace un año? Seamos serios de una vez.
Juan Ignacio García Rodríguez