El 'Cascanueces' Obra: 'El Cascanueces'. Ballet en dos actos con música de P.I. Tchaikovski basado en un cuento de E.T. Amadeus Hoffman y adaptado y dirigido por Qi Chun Sheng para el Ballet Acrobático de Dalian. Coreografía: Jin Yu Jiang. Lugar y fecha: Auditorio Baluarte. 29 de noviembre. Público: Lleno
POR teobaldos
Es fundamental, a la hora de adentrarse en este espectáculo, tener muy presente que se asiste a un espectáculo mucho más próximo al circo que al ballet. Si uno es capaz de sustraerse al legato de las grandes coreografías de esta obra de Tchaikovski, y dominar el nerviosismo y el estrés que producen los equilibristas, disfrutará de lo lindo de las acrobacias de esta compañía china. Esto no quiere decir que la frontera entre el ballet y el circo sea nítida. Al contrario, hay escenas logradísimas que ilustran la música como la mejor coreografía; y hay increíbles flexiones corporales que para sí quisieran algunos pasos de ballet. En realidad, sobre todo en el cuerpo de baile, hay un potencial coreútico magnífico. Hay un gran acierto en compaginar las acrobacias circenses con la música, y éstas están plenamente integradas en la narración cuando se trata de la fiesta del primer acto, o el paseo geográfico del segundo acto. La corografía de los copos de nieve es de una riqueza visual y de una factura técnica asombrosas. Es cierto que, para el aficionado al ballet hay cierto desasosiego en la culminación de las escenas, pero siempre se salva la extraordinaria fuerza visual de las imágenes, del riesgo, de la disciplina, del trabajo bien hecho. Ocurre, sobre todo, con los solos y los pasos a dos que culminan la música del compositor ruso. Por ejemplo, cuando la protagonista Masha -no se especificaba si era encarnada por Wang Yi Rui o Liu Jia Jia- se sube a las puntas, uno piensa que, por estilo, figura, gracia y posibilidades, va a calzarse una diagonal en puntas y hacer unas elevaciones lentas y ligadas, pero opta por un virtuosismo circense absolutamente increíble, pero alejado ya del ballet. Es asombroso cómo consigue bailar en puntas sobre los hombros de su partenaire , quien, por cierto, la maneja con una seguridad a prueba del riesgo corrido. Por eso hay que insistir en asumir la versión circense del Cascanueces . Todo lo demás es un espectáculo muy entretenido, muy ágil, colorista y elegante. El vestuario está muy bien contrastado entre la primera parte -elegante en grises y negros- y la segunda, que recupera el chillón raso chino. El público aplaudió con entusiasmo todos y cada uno de los ejercicios realizados. Y se lo pasó estupendamente. Afortunadamente, hubo algún pequeño fallo: algún yoyo que se escapó, o alguna bailarina que no subió a los hombres. Y digo afortunadamente porque si no hubieran parecido autómatas y no humanos.