Denostada por unos y amada por otros, la revolución cubana llega al medio siglo de existencia con un presente con urgencias y en el que perdura una dirección política dominada por la generación que protagonizó el alzamiento de la Sierra Maestra contra Fulgencio Batista.
Los chevrolet y cadillac de los años 50 que circulan diariamente por La Habana -los almendrones- , que la gente utiliza como taxis en pesos cubanos para sus desplazamientos cotidianos y la decrépita arquitectura urbana hacen que el día a día en la capital cubana sea un salto en el tiempo de ida y vuelta.
Los símbolos del alzamiento revolucionario perduran en la propaganda y los diarios oficiales, mientras Cuba busca su acomodamiento en la era de Internet bajo una dirección política dominada por la generación que protagonizó la revuelta contra Fulgencio Batista.
De la Cuba en ebullición que vio el triunfo de Fidel Castro, con 32 años, Camilo Cienfuegos de 26, Ernesto Che Guevara (30) o Raúl Castro (27) se ha pasado a un país bajo la misma dirección histórica en la que Raúl Castro ya tiene 77 años y la dirección del Consejo de Estado 71 años de media.
Sin Fidel Castro, que dejó la presidencia en febrero de 2008, pero con su presencia constante a través de sus habituales artículos de prensa, la revolución llega a los 50 años en uno de los momentos más delicados de su existencia y con la asignatura pendiente del relevo generacional.
Hoy dos de las grandes banderas de la revolución: la educación y la salud, están en entredicho pese a los ingentes esfuerzos del Gobierno de este país caribeño, cifrado en 11,2 millones de dólares, por garantizar los servicios sociales a su población de forma gratuita.
De la campaña de alfabetización que en 1961 comenzó en todo el país para reducir a casi cero las tasa de iletrados se ha pasado a un país que gradúa de licenciaturas universitarias a unos 45.000 alumnos por año, pero muestra una educación con problemas de capacitación en el 50% de docentes de primaria.
El Gobierno de Fidel Castro llevó a los médicos a parajes donde nunca había llegado la asistencia sanitaria, los instrumentos y aparatos médicos se extendieron por el país y las tasas de salud experimentaron mejoras inéditas que aún se mantienen.
En el siglo XXI las autoridades cubanas han tenido que reestructurar todo el sistema de atención primaria para suplir la falta de médicos que por decenas de miles integran misiones en el extranjero y hoy suponen junto a otros servicios, como los educativos, la primera línea de ingresos para el país.
Como en 1959, EEUU sigue siendo el objetivo central de las críticas de la administración cubana y el argumento que ha servido para construir un concepto de plaza sitiada, en el que el gobierno de Fidel Castro basó los argumentos con que aprobó no pocas medidas restrictivas de las libertades en el país, como las de prensa o asociación.
De acuerdo a la ilegal Comisión Cubana de Derechos Humanos, en este momento hay al menos 210 casos documentados de presos políticos, 67 de ellos adoptados por Amnistía Internacional, a los que La Habana considera "mercenarios" al servicio de EEUU.
El túnel de ida y vuelta se abre de nuevo en la economía de un país que hoy ve en la reforma que el presidente, Raúl Castro, impulsa en el sector agropecuario un reflejo casi simétrico a la ley de Reforma Agraria (1959), la primera norma aprobada tras el triunfo de la revolución.
La reforma marcha a trompicones y no resuelve el debate de fondo sobre la titularidad de la tierra. Detrás está el intento de solucionar el problema del barbecho crónico en más del 50% de las tierras cultivables que contrastan con enormes gastos anuales en la importación de alimentos.
El Gobierno culpa al embargo que EEUU impuso en 1962 contra la isla de la falta de medios en la práctica totalidad de sus sectores y de la pérdida de 93.000 millones de dólares desde su establecimiento. Pero economistas cubanos han subrayado los efectos nocivos que dejó en la isla la elaboración de un modelo económico enfocado en la actividad agrícola y muy dependiente del exterior, primero de la Unión Soviética y después de la Venezuela de Hugo Chávez.
La URSS dispensó grandes candidatas de crudo a Cuba y todo el bloque socialista dejó a la isla un beneficio de 46.000 millones de dólares desde los años 70, pero su derrumbe sumió a Cuba en la crisis más grave de su historia, el llamado "periodo especial en tiempos de paz".
Sus secuelas se extienden hoy a toda la economía y sólo la llegada al rescate del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, evitó su agravamiento en un país en el que la propaganda oficial sigue recordando a la población las conquistas en la educación y la salud de la revolución, las mismas de los años 60.
Cincuenta años después de instalarse como proceso político en Cuba, la revolución se encuentra pues ante la encrucijada de renovarse o morir, la necesidad de encontrar soluciones a su crónica crisis económica y la posibilidad de dar carpetazo a la larga controversia con EEUU.
Elementos capitales en la conformación del proceso revolucionario triunfante en 1959 siguen siendo referencia necesaria en la observación del presente y el futuro de Cuba tanto en el campo político como el económico.
socialismo viable Las relaciones con EEUU y la búsqueda de un modelo económico que haga viable el futuro del país desde una "concepción socialista" ocupan en buena parte las preocupaciones de los dirigentes de un país golpeado por una crisis económica que se ha hecho más evidente tras el azote de tres huracanes en 2008.
El presidente, Raúl Castro, anunció en 2007 la necesidad de hacer "cambios estructurales" en el sistema, reformas que, más allá de la eliminación de algunas restricciones al consumo, una incipiente reforma agrícola y la supresión del "igualitarismo" salarial para incentivar el trabajo, aún no se han producido.
Inmersa en un debate interno que aparece de manera esporádica públicamente para después desaparecer como si nunca hubiera existido, Cuba encara su futuro desde posiciones que reflejan la diferencia de criterios y visiones del presente y el futuro.
El vicepresidente Esteban Lazo pidió recientemente en una reunión de los Comités de Defensa de la Revolución -las organizaciones vecinales encargadas de la "vigilancia revolucionaria"- que al indisciplinado, al vago, al que roba, al que no trabaja, al corrupto, "la sociedad los odie".
El fundador del Instituto de Cine Cubano, Alfredo Guevara, desde su juventud compañero y amigo de Fidel Castro, dijo recientemente: "todos soñamos en nuestro país, 50 años después, la necesaria batida que hemos dado en llamar reestructuración , y que podrá ser gradual o no sé cómo, pero que tendrá que ser, a riesgo de ser devorados por el funcionariato como sistema".
Guevara ha sido uno de los que más abiertamente han abogado por un acercamiento entre Cuba y EEUU tras el triunfo de Barack Obama en las elecciones del 4 de noviembre que ponga punto final a la controversia entre dos países que rompieron relaciones diplomáticas en 1961.
Desde julio de 2006, cuando asumió la presidencia provisional del país, Raúl Castro ha reiterado la predisposición de La Habana a dialogar con la nueva administración estadounidense hasta en tres ocasiones.
El ex presidente Fidel Castro también dijo que "con Obama se puede conversar donde lo desee" aunque sin "zanahoria" ni "garrote" en un reciente artículo.
A pesar de que Obama ha reiterado su oposición a la actual política estadounidense hacia la isla, el jefe de la revolución no dejó pasar la oportunidad de airear las credenciales más belicistas y pro-embargo del nuevo presidente de EEUU.
Cuba ha puesto la pelota en el tejado de la Casa Blanca, pero Raúl Castro ha dejado claro que "la época de gestos unilaterales se acabó" y que en Cuba no están "apurados" con el diálogo. "Si no resulta ahora, esperaremos otros 50 años", afirmó. Sin embargo, un diálogo con el tradicional enemigo tendría tal calado en Cuba que obligaría incluso a replantear todo el discurso de la revolución.