CONCIERTO DE WOODY ALLEN & THE NEW ORLÉANS JAZZ BAND Fecha: viernes, 2 de enero. Lugar: Auditorio Baluarte, Iruñea. Intérpretes: Woody Allen, al clarinete, acompañado por The New Orleáns Jazz Band, banda integrada el viernes por Simon Wettenhall, a la trompeta y a la voz; Jerry Zigmon, al trombón; Conal Fowkes, al piano y a la voz; Gregory Cohen, al contrabajo; y John Gill, a la batería y a la voz. Incidencias: lleno, localidades agotadas para un concierto de hora y 50 minutos de duración, un bis incluido. Público curioso que aplaudió regularmente tras todas las interpretaciones.
POR J. ÓSCAR BEORLEGUI
QUE en su 3ª gira internacional la New Orleáns Jazz Band, formación creada en Nueva York en 1970, llegara a Iruñea no hubiese sido noticia de primer orden de no ser por su clarinetista; por su insigne clarinetista -más bien-, Allan Stewart Konigsberg, más conocido como Woody Allen y verdadero banderín de enganche del grupo; del talludito septeto reconvertido el viernes no sabemos por qué en sexteto, toda vez que a Eddy Davis, director musical y encargado de tocar el banjo, no se le vio en el escenario.
En medio de una inusitada expectación, precedidos por el pianista, a las 20.10 comparecieron los restantes músicos en liza, dejando para el momento estelar lo que todos estaban aguardando: la aparición más esperada de la noche, la de Allen, quien tomó asiento delante del piano, a la izquierda del trompetista. El concierto, de auténtico lujo para recibir el año, se extendió durante hora y 20 minutos -en primera instancia-, tiempo al que los neoyorquinos tuvieron a bien sumar media hora más a la vista de su aceptación por parte del respetable: de un público que, si bien no se entregó en exceso (en honor de la verdad habría que decir que el gentío se mostró preferentemente curioso, expectante y espectador) no dudó en aplaudir tras la interpretación de las 16 piezas ofrecidas y tras los diferentes solos brindados por los músicos en las mismas. Éstas, las composiciones, fueron entresacadas en buena parte del cancionero de clásicos del jazz de Nueva Orleáns, predominando entre sus ritmos los del swing sureño y el charlestón y mostrándosenos dinámicas… pero con cuerpo; ser de bravío desarrollo instrumental, unas piezas que, erigidas sobre una base entretejida por batería, contrabajo y piano, se mostraron perfectamente ornamentadas por los vientos; ¿cómo? Por los arreglos inherentes al cometido instrumental y, desde el prisma netamente técnico, por el uso de diferentes sordinas por trompetista y trombonista para tratar de matizar, modular y modelar el sonar de los metales. Así las cosas, a nadie le extrañó que la totalidad de los temas destilara muy buenas vibraciones, denotando grandes dosis de complicidad entre los 6 músicos implicados y dando como resultado un concierto de jazz de concepción netamente abierta. Para todos los públicos, ya entendido, ya, no. Y es que, esta noche, el hecho musical generado cumplió con dos objetivos tan importantes a nuestro juicio para la música como los siguientes: transmitir una inquietud artística… y entretener al receptor. ¿Lo mejor de la velada? Su carácter excepcional. Ver a alguien como Woody Allen en Pamplona, en esta ciudad de provincias a la que casi nunca viene nadie y nunca pasa nada. Verle tocando con tablas y soltura respaldado por una más que solvente banda, haciendo solos de clarinete concentrado en su labor, disfrutando del momento. Marcando impulsivamente el compás con su pierna izquierda. Demostrando que pese a sus 73 años, está hecho un chaval; ¿lo peor o único criticable? Tal vez la falta de algo de espontaneidad, de una exteriorización por parte de los músicos… de no sabemos qué, exactamente; ¿de más alegría, emoción a la hora de tocar? Y es que se mostraron demasiado estáticos. Serios, a nuestro entender. Por lo demás, bien Woody y sus talluditos chicos en su actuación en Baluarte, expectación, glamour y solvencia mano a mano como pocas veces hemos visto. Nada que objetar.