desde el planeta abba Intérpretes: Frida y Agneta, a las voces; Björn, a las guitarras y a la voz; Benny, a los teclados, a la voz y a los coros; A. Rydman, a la guitarra solista; M. Eugensson, al bajo; Maria Nilsson y D. Stadell, a los coros; A. Andersson, a los teclados y al saxo; Ulf Andersson, al saxofón; Laura y Eleanor Stanford, a los violines; N. Chivers, a la viola; Susie Winkworth, al cello, y P. Jaktelius y Roger Palm, a la batería. Día y lugar: Domingo, 4 de enero, en el auditorio Baluarte. Incidencias: Lleno, localidades agotadas para una actuación de hora y media de duración, un bis incluido. Público de todas las edades y más bien pasivo, aunque aplaudiese tras cada interpretación.
POR J. ÓSCAR BEORLEGUI
DOS años después de su primer aterrizaje en Baluarte, la trouppe de músicos que da vida a Waterloo volvió a recordar a sus paisanos Abba en el mismo marco que entonces, haciendo pasar una entretenida tarde a los presentes. A un público que se limitó a seguir con atención el show , esbozando tímidas palmas en sus compases más candentes y siguiendo las coreografías sugeridas con idéntica timidez, no decantándose, por ejemplo, en ningún momento por levantarse y bailar: opción totalmente válida esta tarde noche a la vista de las pegadizas melodías de los éxitos de los suecos. ¿Qué pasó? ¿Cosas de la resaca navideña? ¿Tanto impone esta sala?
Tras tomar tierra de manera figurada sobre el entarimado tan singular expedición (metafóricamente, sí, pero bajo el sonido característico de varios helicópteros al hacerlo), tras desembarcar los músicos tripulantes, todos de blanco nuclear, y ocupar sus puestos entre espectaculares barridos de haces blancos -disparados por los móviles-, y rojos, emitidos por los fijos, se inició el viaje a través de la historia de Abba, lo que en líneas generales fue el concierto; ¿concierto, hemos dicho? Sí, toda vez que eso vino a ser el espectáculo presenciado, un concierto tributo más que un musical en sí, algo que, por otra parte, lo dejó claro el bis ofrecido al final: totalmente impensable si se hubiese tratado de una opereta teatral.
Con Björn haciendo de cicerone y Frida y Agneta llevando casi todo el tiempo el peso del show sobre sus torrenciales voces, con motivo de la tercera interpretación irrumpió el legendario Ulf Andersson, miembro fundador de Abba, lo mismo que el también en algunos momentos presente Roger Palm, quien se ocupó a tiempo parcial de la batería… dejando su labor un tanto que desear. Y es que, sin ánimo de restarle méritos pasados, vaya que si hubo diferencia entre la pegada de Pär Jaktelius, el otro baterista, y la suya. Vaya que si la hubo en una noche en la que, por otra parte, las notas de los distintos instrumentos tampoco brillaron en exceso, estando el sonido prácticamente supeditado a las voces de cantantes, coristas y de todo aquél que, de manera brillantísima, eso sí, tomó el micrófono para cantar. Bueno, y tras estas anotaciones, pasemos a lo más destacado de la velada: sin lugar a dudas las interpretaciones de hits como Mamma mía , Voulez vous , Fernando (con los presentes tarareando tímidamente el estribillo y coreando a desproporcionado volumen dicho nombre), Chiquitita , Super trouper o Gimme! Gimme! Gimme! , tema que, con el imprescindible concurso de los estrobos , convirtió la sala en una discoteca de los 70 antes de que la banda, tras el ya citado bis, se despidiera definitivamente con esa felicitación con forma de canción que es Happy new year .
Un tributo, un homenaje en toda regla a lo que representó Abba, he aquí lo que vino a ser la presente puesta en escena de Waterloo: un vivo reconocimiento musicado a uno de los grandes del pop cuyo recuerdo, más que latente, está claro que sigue vivo; y así lo dio a entender otra vez el público de Iruñea, volviendo de nuevo a completar Baluarte en la nueva visita de los suecos a la ciudad.
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