jesucristo superstar Música: Andrew Lloyd Weber. Texto: Tim Rice. Dirección: Stephen Rayne. Dirección musical: Xavier Torras. Intérpretes: Gerónimo Rauch, Sandra Criado, Luis Amando, Enrique Sequero, Abel García, Jorge Ahijado, Ricardo Pérez, Manuel Rodríguez, Daniel Busquier, Silvia Sandoval, José Zamora, Pedro Carrasco, Guillermo Sabariegos, Yolanda Torosio, Mamen Márquez, Alexia Pita, Susan Martín, Elena Medina, Alberto Escobar, David Velardo, Samuel Gómez, Víctor González, Marcos Pérez, José María del Castillo, Mónica Delgado, Ela Ruiz. Día y lugar: Auditorio Baluarte. Del 8 al 11 de enero de 2009.
POR pedro zabalza
HACE sólo un par de días que terminó Navidad y entramos ya en Semana Santa. Es lo que tiene el teatro, que el sentido del tiempo se hace más elástico. Por ejemplo, entra uno a Baluarte y es como retroceder tres décadas. Es lo que tiene el negocio del espectáculo, que el sentido del éxito vuelve a los promotores imitativos y nostálgicos. Así que, siguiendo la estela triunfante del musical, han recuperado, o más bien resucitado, Jesucristo Superstar treinta y tantos años después de su estreno.
Puntualicemos que Jesucristo Superstar no es un musical al uso, sino una ópera rock. Las características del género vienen definidas en su propia denominación: la primacía absoluta del rock como estilo musical, y la preeminencia de las partes cantadas por encima de las teatrales (como sucede, precisamente, en las óperas). En Jesucristo Superstar sólo hay un momento en el que el texto no se dice cantando: al final, con las últimas palabras de Cristo. Un cambio que añade dramatismo: a cualquiera le conmueve la agonía de un hombre, sea cristiano o creyente en el monstruo de espagueti volador.
Ésa es la idea motriz del espectáculo: presentar la naturaleza humana de Cristo, con sus contradicciones, sus miedos y sus dudas. De hecho, la obra acaba con su muerte en la cruz, sin atisbo de resurrección. El calificativo de Superstar se le concede por la trascendencia de su figura, independientemente de su componente sobrenatural. Una visión que provocó controversia en su estreno a principios de los setenta, pero que hoy ha pasado por completo desapercibida, curados como estamos de espantos bastante mayores. O tal vez sea que la jerarquía eclesiástica y los movimientos cristianos más activos estén ahora más preocupados por otras cuestiones de moral familiar.
Puede ser relevante preguntarse por qué en su momento Jesucristo Superstar fue una obra controvertida y ahora es una más de la cartelera teatral. En cualquier caso, esta revisión sí que parece imbuida por un espíritu algo retro (tal vez lo retro sea la actitud de la Iglesia). Sus responsables dicen que se ha actualizado con las alusiones al conflicto entre palestinos e israelíes. El muro de hormigón que preside la escenografía alude al que separa en la realidad a ambas comunidades, pero ahí acaba la actualización . Las otras posibles alusiones estaban ya presentes en el original.
Retro son las coreografías, retro es el estilo de la música (aunque se haya limpiado de toques demasiado setenteros ), retro es la concepción del espectáculo en sí, aunque tal vez no pueda presentarse de otro modo sin convertirla en otra obra. Todo tan retro y uno acaba añorando el original, al menos las voces de sus intérpretes. Y no es que los de esta versión no lo hagan bien. Con la excepción del actor que da vida a Anás, cuyos intentos por presentar a un personaje paródico le hacen entrar en la disfonía, el resto de las voces son agradables. Gerónimo Rauch (Jesucristo) y Luis Amando (Judas) demuestran muy buenos registros, y Sandra Criado posee una voz cálida, aunque sin llegar a los niveles de sus compañeros. Claro que ninguno puede competir con la amplitud de Camilo Sesto. Y a todos ellos (y al director musical) se les olvida que esto es una ópera rock, y que el timbre de las voces debe aproximarse a ese género, como magistralmente hacía Teddy Bautista, al que Amando en sus tímidos intentos ni se acerca. Que no en todos los musicales hay que cantar a lo Disney .