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Editorial

El euskera exige respeto

La reivindicación del derecho a vivir en euskera se plasmó ayer en una de las mayores manifestaciones que han acontecido en Navarra. Los poderes públicos no debieran ignorar el clamor social por otra política lingüística

Domingo, 16 de Mayo de 2010 - Actualizado a las 09:40h

MILES de ciudadanos y ciudadanas de todas las zonas de la Comunidad Foral se unieron ayer en Pamplona para reclamar con una sola voz a los poderes públicos que otorguen al euskera el trato que merece como lengua propia de Navarra y como vehículo de comunicación efectivo que ya es muy por encima de las leyes restrictivas que se recetan contra la lingua navarrorum. Por ejemplo, la zonificación que consagra la Ley del Vascuence de 1986, cuyo espíritu garantista en lo que atañe a la zona mixta se vulnera de forma sistemática, al igual que la literalidad del artículo 3.3 de la Constitución española y las directrices del Consejo de Europa. La manifestación organizada ayer por Kontseilua, después de dos meses de campaña y la captación de más de 4.000 adhesiones, fue un rotundo éxito de convocatoria, sobreponiéndose a una meteorología adversa y evidenciando ese clamor social, plural en sentimientos identitarios, a favor de que en Navarra sea posible vivir en euskera. Lo que se compadece pero que muy mal con la palmaria determinación del Gobierno actual de invisibilizar a los vascoparlantes no sólo en su relación con la Administración, que hoy no garantiza de forma suficiente los derechos lingüísticos, sino especialmente a la hora de acceder a una educación de calidad en euskera bajo la premisa de dar satisfacción a la demanda real, sin discriminaciones territoriales ni económicas. En suma, lo que los ciudadanos que se dieron cita en las calles de Iruña exigen es respeto al euskera y por ende a la diversidad cultural de Navarra. Lo que indefectiblemente pasa, como ayer indicó Paul Bilbao en representación de Kontseilua, por una nueva política lingüística, asentada sobre una visión global y bien coordinada, es decir, con objetivos y plazos concretos, además de provista de recursos adecuados. Una política lingüística que debería gestionarse en complicidad con el movimiento a favor del euskera y no de espaldas al mismo, cuando no estigmatizándolo con los prejuicios sectarios del partido gobernante y de los poderes fácticos que le circundan. Para empezar, lo que cabría esperar de UPN es que cumpliera con la encuesta sociolingüística de su Gobierno que concluyó que el 66,5% de la población navarra apuesta por que la enseñanza en euskera se oferte en todo el territorio foral, una petición en clara consonancia con la contundente movilización de ayer.

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