Hojeamos y ojeamos la prensa involucrada en la terrible cosa ésta del descenso -la de Huelva, Valladolid y Zaragoza- y en toda ella vemos optimismo o, por lo menos, un mensaje de "venga, tú, un último esfuerzo, que se puede". Si hasta la prensa zaragozana lo hace, cuando su equipo tiene 15 de las 27 opciones de bajar, ¿cómo no hacerlo en Pamplona, con un Osasuna en mucha mejor situación para salvarse?
Y puestos a buscar argumentos ilusionantes, uno por delante de todos: éste es, con diferencia, el mejor Osasuna de todos los que alguna vez (y han sido muchas) han coqueteado con el descenso. Si el aficionado repasa mentalmente los 37 partidos ya jugados, de pocos puede decir que "aquel día nos dieron un baño", y de ninguno que haya hecho el ridículo. Muchos de los puntos perdidos se han ido en pifias arbitrales (como para hacer un recopilatorio y triunfar en YouTube), mala fortuna y no conformarse con empates en casa para acabar perdiendo. Por no hablar de que en cualquier otro año con 43 puntos ya estaría salvado.
En resumen, que este Osasuna es muy distinto a un cuasi-Segunda , que suele ser un equipo roto atrás, desventrado en el centro y apagado delante, flojito de espíritu y con un aire entre melancólico y desesperanzado, inferior a su rival desde que sale de la caseta. Poco de eso encontramos en Osasuna. A lo sumo, la falta de pegada algún que otro día en el Reyno. Con la solidez de su juego, su ilusión intacta y un buen margen de carambolas que le beneficiarían, venga a por ellos, que se puede.