pamplona.¿Cómo recuerda aquel final de temporada?
Era una situación casi terminal. Fuimos partido a partido, sin pensar en nada más, y al final nos encontramos con que en cuatro jornadas salvamos la categoría.
¿Ha sido su mejor momento como entrenador?
Como entrenador de Osasuna, sí. Seguro. Fue una satisfacción inmensa, porque estaba toda Navarra, con lo que significa Osasuna para nosotros, pendiente de que no se fuera al garete. La gente empujó mucho y la explosión fue grandísima. En aquellos partidos en El Sadar hubo 30.000 espectadores, 10.000 más de los que puede haber ahora. La presión y el ambiente que había era impresionante y nos ayudó muchísimo.
Cuando cogió al equipo, ¿creía realmente en la salvación?
Yo había visto al equipo durante toda la temporada y opté por jugármela con toda la gente de casa, que sabía que se iba a partir la cara a tope en cada partido. Estaba convencido de que, respetando a todos los profesionales que había, podía aprovechar ese plus de sentimiento que la gente de casa tiene hacia el club. Yo sé que cuando el primer jueves se vio el equipo que podía jugar, alguien hizo algún comentario del tipo: "Vaya palo que se va a pegar", que visto desde fuera podía ser lógico. Pero mira tú por dónde no sólo no nos lo pegamos, sino que Badajoz supuso el inicio del despegue para que Osasuna no cayese en el pozo de la Segunda B y con la satisfacción de ver vibrar a toda Navarra.
¿La clave de la transformación del equipo fue el compromiso?
Yo creo en el compromiso de todo profesional, pero siempre hay un plus. Cuando estaba dirigiendo a Osasuna sufría el doble que cuando estaba en un equipo de otra provincia. Aunque eres igual de profesional, te duele más, porque Osasuna es algo que los navarros llevamos dentro.
En esos momentos, ¿hay que centrarse más en lo mental que en lo táctico o físico?
Sí. El aspecto mental, que ya para mí siempre es fundamental, en esas jornadas finales lo es más aún. En aquellas jornadas intenté aprovechar ese aspecto en chavales que tenían una ilusión enorme por jugar en el equipo de su tierra, y que muchos de ellos no se daban cuenta de la situación en la que estaban de lo que significaba un descenso, sino que sólo pensaban en salir a jugar, a divertirse.
¿Usted llegó a disfrutar de aquellos partidos o sólo sufrió?
Lo disfruté, pero al final. Me lo tomé con mucha ilusión sabiendo que era muy difícil. Más de un amigo me dijo que dónde me había metido, pero mi idea era hacerlo bien, tener un poco de suerte y rezar. Me lancé y salió.
¿Cómo hacía para mantener la tranquilidad en un vestuario al borde del precipicio?
Trataba de hacerles ver que de salida no podía ser un sufrimiento, sino una ilusión. Si descendíamos, descendíamos, pero no podíamos desaprovechar el trayecto llorando y lamentándonos, sino disfrutar de cada segundo.
¿Es partidario de comunicar a los jugadores durante el partido los resultados de los rivales directos?
Los jugadores tienen que estar centrados en el campo, pero no es fácil. Siempre hay un murmullo del público, alguien del banquillo que te dice, o si no te dice piensas que es que la cosa no va muy bien... Es un momento psicológico muy fuerte y muy complicado.
¿Se va a salvar Osasuna?
Sí. Totalmente.
¿No está intranquilo?
Hombre, siempre tienes la cosilla, porque estás expuesto a un riesgo, pero estoy convencido de que se salvará.
¿Se imaginaba que se jugaría la permanencia en la última jornada?
No, pero han sido detalles en los últimos quince o veinte días que han llevado a esta situación. Yo confío en el equipo; está bien estructurado y serio, pero le falta acierto de cara al gol. La gente está trabajando a conciencia y pese a todos los batacazos, que está encajando con entereza, si uno insiste y no baja la cabeza quién te dice que no puede ganar en el minuto 90 en Santander. Hay que confiar en Cuco y en la plantilla. Ahora te acuerdas de lo bueno que habría sido un empate con Betis, Recre o Dépor. En su momento un empate fastidia, pero a veces un punto te lleva a la gloria o a la ruina. Tiene que pasar esto para que la gente se percate de lo mucho que cuesta ganar un punto.
Si estuviera el domingo en El Sardinero, ¿qué les diría a los jugadores antes del partido?
Nada, sobran las palabras. Cada uno sabe lo que se está jugando él y el club y todo el mundo está concienciado. Por lo que veo y leo me transmiten mucho compromiso.