no es éste un buen año para la élite del deporte navarro. Ni el año ni la temporada todavía en curso. Los grandes clubes tienen más decepciones sobre las que reflexionar que éxitos de los que presumir. Portland San Antonio sufre una traumática reconversión; MRA Xota ha pagado en la competición doméstica los excesos que deben soportar sus jugadores internacionales; a Itxako, el más brillante, se le escapó su copa y acarició el título de Liga. Sólo el waterpolo tiene, de momento, algo de lo que presumir. En este contexto, también Osasuna ha debido sortear una temporada de transición en la que ha acusado el elevado número de bajas de futbolistas con peso en la plantilla y puesto fijo en el once titular. Por comparación con el curso anterior, esta campaña ha devuelto a Osasuna a una situación que conoce de cerca y que algunos aficionados habían olvidado en el tránsito europeo. Pero a falta de otras finales, partidos como el del próximo domingo asoman como citas históricas del osasunismo. Si hubiera posibilidad de jugar el encuentro en un terreno neutral, habría miles de hinchas dispuestos a acompañar a su equipo. Como si fuera una final de Copa. Porque aquí está en juego un título casi igual de codiciado: el de equipo de Primera. Ya recordaba Cruchaga recientemente que para los que han nacido con el escudo pegado al pecho, la permanencia es tan importante o más que ese título siempre lejano. Es cierto, dirán, que en Segunda o en Tercera, Osasuna será siempre para los suyos un equipo de Primera . Pero no es lo mismo. Que pregunten en Oviedo, por ejemplo. De ahí que me sienta cercano a esos amigos que me cuentan que tienen el sueño alterado, que llevan cuatro días pensando en el partido del domingo (dónde lo vemos, si llevamos las camisetas, si sacamos las banderas...), que echan la culpa al menú del día de sus problemas de estómago para no reconocer que tiene los nervios contraídos en el abdomen, que la única crisis que les preocupa hoy no es la económica sino la que puede desatarse si el equipo da un mal paso en Santander... Estamos, en fin, anhelantes de éxitos, porque hasta en la pelota las figuras señeras de la mano andan confundidas y extraviadas en este 2008 que no nos ha traído nada bueno. Como están las cosas, nos conformamos con ser el 17º entre 20, ganar incluso perdiendo, llegar los últimos al vagón de los primeros y sufrir para tener oportunidad de seguir sufriendo. Sólo queremos algo que celebrar, aunque parezca tan poca cosa.