PAMPLONA. El cambio de año le ha traído de momento a Osasuna un viraje en su sino y su fortuna. La alianza de estos avatares fructificó ayer en Sevilla con el punto que se embolsaron los rojillos en el descuento después de una azarosa jugada de las que no salían ni a malas en los últimos partidos. La diana, rubricada por Pandiani con el partido expirando, otorgaba un regalo espléndido a los de Camacho después de una refriega en la que su estadística de remates a puerta sólo se manchó una vez. Bien es cierto que el Sevilla y su esbelta plantilla apenas se esmeraron en un par de intentonas más inquietando a Roberto, pero sabiendo de su pegada Osasuna salió al menos ileso de este primer puerto alpino previo a la cordillera de enero.
Osasuna se puso perdiendo nada más volver del descanso. Los rojillos, hasta ese minuto 49 en el que Jesús Navas embocó la pelota junto a la madriguera del poste, habían ejecutado un encuentro serio, faenando como remeros. La fuerte personalidad con la que Osasuna se plantó en el encuentro indicaba la severidad del mismo. Sin rubor, Osasuna se guardó la pelota, la movió de un costado a otro, lanzó un mensaje optimista en su vanguardia y estrechó el escenario del juego. Por lo tanto, los de Camacho -que se había fiado a la aventura de Sola, la lanzadera de Font y la torre de Vadocz para zapar el poderío aéreo sevillista- protagonizaban la misma película que en los días pasados, ya estaban por debajo en el marcador tras haberse sacado mucho jugo. Los navarros se desplegaron hasta acercarse a los aledaños del gol, pero ahí sólo se dedicaron a llamar a la puerta. Nekounam no abrió el marcador en el minuto 9 de puro milagro después de no conectar con la cabeza un córner que había peinado Sola. Azpilicueta también envió un buen recado que atajó Palop después de una jugada personal y otra vez Nekounam lanzó fuera en otro acercamiento. El Sevilla se limitó a un zurdazo de Romaric y a protestar una falta de Miguel Flaño sobre Kanouté en un posible penalti.
golpe, no reacción y gran final Sin embargo, el golpe que ejecutó Navas tras el receso dejó a Osasuna en la lona. Fue unflashazo . Adriano corrió con la pelota, la cambió de banda y Navas controló con el pecho y martilleó el balón sin que ningún rojillo le apretara. El gol. Lo ya sabido de otras tardes. A partir de ahí, el equipo se diluyó como un azucarillo. Se le volaron los papeles del guión que había ejecutado hasta en-tonces y se sintió preso del cronómetro y la desventaja. Los rojillos echaron de menos el cuero y se cruzaron un buen montón de pelotazos sin sentido hasta que el banquillo buscó variar el desaguisado.
La no reacción de Osasuna la desaprovechó un Sevilla remolón y cómodo que no le echó el lazo al partido. Navas disparó alto en el munto 57, Roberto se anticipó fuera del área a un pase interior para Kanouté (minuto 65) y otra vez el portero resguardó con esmero su puerta ante el escurridizo extremo, que le lanzó a los pies dentro del área. Ésta última se produjo a falta de cinco minutos y Osasuna seguía sin dar pistas de sus intenciones en la otra puerta.
Por el camino Camacho había enviado al campo a Pandiani y a Masoud, al fin y al cabo decisivos a la hora del punto sumado. El iraní cogió su primera pelota en la banda derecha con su cambio anunciándose todavía en los videomarcadores. El iraní se fue con facilidad de Dragutinovic en mitad de cancha, galopó hasta adentrarse en el área, donde recortó a Escudé, y a la hora del disparo mandó un remate altísimo con el cuerpo de Palop saliendo a tumba abierta.
Pero a Osasuna le tenía guardada la contienda un destino imprevisible y exaltado. Con el minutero en el 90, los rojillos sacaron una falta al barullo del área y allí se impuso el impresionante Romaric. Sin embargo, el despeje salió franco para Masoud que devolvió hacia el centro del área y esa semivolea la concretó Pandiani en la red con un punterazo, sin andarse por las ramas. Después de empatar de este modo desconocido, a Osasuna todavía le iba a deparar el descuento un buen susto. Kanouté enganchó un remate tras un córner que fue a parar en el cuerpo de Roberto y de seguido a la cruceta. Fuera magia o lo que fuera, ya era hora.