"Quiero jugadores que puedan hacer movimientos decisivos en espacios pequeños. Que trabajen
lo menos posible para ahorrar energía para esa acción decisiva"
Johan Cruyff
En un Osasuna-Athletic se presupone la sangre ca-liente, el taco afilado, la porfía a codazos, el intercambio de piropos desde la grada, el nervio, la agitación, el latido intenso y el jolgorio si vienen bien dadas. Por tal motivo, el Osasuna-Athletic de la primera parte no parecía un derbi de tal envergadura, y menos un duelo propio de la siempre fervorosa y sorprendente Copa.
Ese partido hasta el ecuador no hubiera parecido un derbi de no ser por que unos poquitos venidos del botxo se atrevieron a cantar en una esquina "Athletic, Athletic " y fueron aplacados al instante por una pitada fulgurante; y tampoco lo hubiera parecido si Graderío Sur no llega a rescatar las melodías de costumbre: es decir, los insultos a Caparrós y ese otro grito de guerra que han puesto de moda (Que no son de Lezama, que son de Tajonar ). Por lo ofrecido sobre el terreno de juego en ese primer tiempo, el partido hubiera pasado tan anchamente por un duelo inane contra un rival cualquiera. A los jugadores habrá que aceptarles como coartada que tardaron 45 minutos en coger temperatura, ya que el termómetro no superó los 0ºC.
Una vez aleccionados en el descanso y tras el cobijo del vestuario, al menos Osasuna se sacó el frío del cuerpo. Era algo que se merecían sus indesmayables seguidores, 13.545 fieles que, a falta de un obsequio por parte del club, bien contentos se hubieran ido a casa con el empate. Ya que la grada percibió que a su equipo le costaba horrores buscarle las cosquillas al rival, decidió en una acción masiva y coincidente en el tiempo meterle al partido unos grados de calentura.
Así, en el 50, el mal árbitro Álvarez Izquierdo recibió la primera de las tres bolsadas que le dedicó la rojez. Una incursión de Javier Flaño zanjada en falta por Amorebieta provocó que el público se pusiera de uñas y recurriera a la bolsa del bocata para que el colegiado se diera por aludido. Después, repitieron la acción a la hora de partido tras una falta de Balenziaga al lateral de Noáin, después de que el zurdo del Athletic hubiera sido amonestado en la jugada justamente anterior. El trencilla no quiso saber nada. La protesta también se generalizó en el 80, preludio del gol de Pandiani, tras otra falta en el mediocampo erróneamente señalada.
Unos minutos antes, la hinchada navarra se había agarrado al uruguayo para afinar la garganta. Pandiani fue coreado por las voces rojillas, que también ofrecieron su ánimo para el reaparecido Delporte y pitaron levemente a Portillo. En cualquier caso, con la helada que estaba cayendo y el montón de ropajes que utilizó la gente para no quedarse pasmada, la maniobra del grito y el aliento fue de campeonato. Al menos, para haberse ganado una Copa.
Hubiera sido así de no ser por la aparición de Llorente en la última jugada del partido que devolvió a la muchachada de Osasuna a la temperatura ambiente. Al frío polar. El derbi se quedó en la nevera.