Pocas cosas le pueden poner nervioso a Juan Carlos Unzué (Orkoien, 22/4/1967), un tipo que, como futbolista, ha jugado junto a Maradona en el Sevilla y ha parado penaltis decisivos con camisetas de varios equipos (detuvo uno en su debut con la de Osasuna); y que, como entrenador, ha ganado multitud de títulos con el Barcelona, primero como ayudante de Guardiola, ahora técnico del Manchester City, y después con Luis Enrique, actual seleccionador. Pero lo de ayer era diferente, porque al exguardameta le tocó prender la mecha que dio inicio a las fiestas de San Fermín, un momento especial por la suspensión de las mismas los dos últimos años por las restricciones derivadas de la pandemia de covid-19 y porque Unzué aprovechó su privilegio para dar visibilidad a la lucha contra la enfermedad que padece, Esclerosis Lateral Amiotrófica. ELA.

El protagonista de la jornada no estuvo solo en el Ayuntamiento de Pamplona, donde le arroparon en todo momento los miembros de su familia directa: su mujer, María Elorza, y sus tres hijos, Aitor, Jesús y María, de 30, 28 y 26 años, respectivamente.

Aunque el balcón consistorial y el lanzamiento del Chupinazo no son el mejor escenario ni el momento más adecuado para extensas alocuciones, lo cierto es que Juan Carlos Unzué le sacó chispa a un instante especial para él y para miles de personas. Y es que antes de dar comienzo a los Sanfermines 2022, el exportero y exentrenador lanzó un emotivo y conciso mensaje: “Este chupinazo va dedicado a todas y todos los sanitarios y a las personas que nos han ayudado en toda la pandemia. También va dedicado a todas y todos los enfermos de ELA, especialmente Montxo. ¡Viva San Fermín! ¡Gora San Fermín!”.

Minutos más tarde, tras abandonar el balcón del Ayuntamiento, Unzué ofreció ante los periodistas explicaciones más extensas sobre los mensajes que quiso transmitir y que no compartió con nadie antes del Chupinazo. Sobre el agradecimiento a las sanitarias y sanitarios señaló que “les hemos hecho saber lo que les queríamos durante la pandemia, pero no nos podemos olvidar de ellos porque realmente nos dan la posibilidad de vivir en mejores condiciones, de cuidarnos e incluso de hacer muchas cosas por los demás que hasta a nuestra gente más querida le costaría hacer”. Y sobre las enfermas y enfermos de ELA subrayó que “yo he estado en el balcón, pero he tratado de representar a todos mis compañeros de enfermedad. Espero que se hayan sentido bien representados, ya que hemos tenido la posibilidad de visibilizar un poco más esta causa”.

El lanzador del Chupinazo, que reconoció que le cuesta llorar, se llevó un puñado de buenos recuerdos: “Soy más bien frío, aunque a veces me emociono viendo una serie o una película. Sin embargo, con estas cosas me cuesta. Pero una cosa es lo que pueda exteriorizar a través de las lágrimas y otra es lo que uno siente dentro; y la satisfacción y el orgullo que he sentido es difícil que lo vuelva a sentir. Esto no se va a volver a repetir y había que aprovechar la ocasión al máximo”.

A Unzué le impresionó la vista panorámica de la plaza del Ayuntamiento, ya que “cambia mucho de los vídeos o estando a pie de campo, como pasa en los partidos, porque cuando eres entrenador no se ve nada desde el banquillo, pero verlo todo con perspectiva y con un poco de altura facilita las cosas y se puede disfrutar más”.

Y tras reconocer que “me llevo un recuerdo que voy a guardar siempre en el corazón”, el exguardameta y exentrenador finalizó sus explicaciones con una reflexión: “A veces cerramos objetivos con una idea muy material en muchos casos, pero ahora mis objetivos de vida ya no están relacionados con conseguir algo material, sino que lo que estoy recibiendo es afecto, cariño, respeto y eso son emociones y sentimientos que obviamente son difíciles de igualar”.

También fueron protagonistas ayer, aunque en un segundo plano, la esposa e hijos de Juan Carlos Unzué. Su mujer y compañera, María Elorza, que no se separó de su marido en ningún momento, destacó que “ha sido todo súper emocionante e increíble” y añadió que, “para como es él, ha sido conciso, pero ha estado fantástico porque se ha acordado de mucha gente y esto va dedicado a todos los enfermos de ELA”. Y de igual manera se expresaron los hijos del exfutbolista. Para la menor, María, fue una experiencia “impresionante e inolvidable”, mientras que Aitor y Jesús reconocieron que “teníamos más nervios nosotros que nuestro padre”, del que los tres se sintieron “orgullosos”.