la magia, sólo la magia, puede lograr una metamorfosis tan universal como una de esas almas que, cada 6 de julio, se funden por miles en un espeso y activo magma que se desborda hasta alcanzar su esplendor con el estallido del cohete. Todo en un reducido espacio físico que llega a registrar la mayor concentración humana por metro cuadrado del mundo, con unos asistentes que pueden jactarse de ser tan estruendosos como un avión de reacción. Cuando el cohete rasga el cielo, se cierra el portalón del mundo de lo imposible y se abre un paraíso de 204 horas de calor y deseo. Pese a tener poco más de medio siglo de existencia, el cohete es, junto al encierro, el acto emblemático más universal de nuestras fiestas.
 Toneladas de basura son recogidas tras el chupinazo. |
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Un invento de Joaquín Ilundáin
Joaquín Ilundáin, teniente de alcalde, cumplió en 1939 su deseo de lanzar el cohete, que por entonces tenía lugar en la plaza del Castillo, a cargo de funcionarios. Dos años después, dada la relevancia que adquiere el Chupinazo, consigue su traslado a los balcones del Ayuntamiento, lo que se ha mantenido hasta la actualidad.
 Una forma distinta de ver el ambiente. |
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 La Plaza, a rebosar |
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133 Decibelios
De la dimensión de esta concentración humana y de la algarabía festiva que se vive, puede dar una idea el hecho de que el sonido en el momento del lanzamiento del cohete alcanza 133 decibelios. Un nivel equiparado por los técnicos con el despegue de un avión a reacción.
Vidrio
El champán campa a sus anchas. Unido a la gran masificación, ocasiona numerosos casos de cortes con cristales.
Engalanada
La fachada del Ayuntamiento se engalana con los reposteros y las enseñas oficiales: de izquierda a derecha, las de Navarra, España, Pamplona y Europa.
Explosivo
El primer cohete está confeccionado con 20 gramos de explosivo, mientras que los treinta restantes llevan una carga de 15 gramos cada uno. Todos son fabricados por Caballer.
Pañuelico
Pese al paso de los años, hay cosas que permanecen inalterables, como la costumbre de los mozos y mozas de acudir con el pañuelico en el bolsillo hasta el lanzamiento del cohete.