El visado de sol No son simples trozos de papel, sino entradas para asistir al jolgorio más impenitente de la ciudad. Quien no ha visto los toros desde un tendido de sol no conoce buena parte de la fiesta. Conseguir una entrada es difícil, pero merece la pena el esfuerzo. Eso sí, para convertirse en gurú de este rito hay que tener el cuerpo a prueba de bomba y una lavadora en perfecto estado de uso.
Alpargatas de cintas Son un inútil ejercicio de estética. Tan bonitas como poco prácticas, es difícil que estas alpargatas, de suela de esparto y trenzadas con cintas rojas, aguanten una jornada entera en San Fermín por mucho que el usuario se esmere con andar en calles limpias y poco saturadas. De cualquier modo, la tradición manda y rara es la casa de Pamplona donde no se encuentre un par.
Gafas de hacer el minga Tienen una virtualidad: se hace el ridículo sin que enmascaren la identidad de quien las porta. Nadie se puede imaginar la de dinero que se gasta el personal en fiestas en tonterías como estas gafotas con nariz y mostacho.
Ajos en ristra Las ristras de ajos también tienen su Wall Street particular, situado en la plaza de Recoletas. Allí se pueden comprar las mejores (que, según dicen, proceden de la localidad de Falces), a buen precio. Algunos usan las ristras como bufanda. No es ésta, lógicamente, la mejor utilidad que se puede dar a tan preciado condimento.
Caldico 'despertador' Repone el cuerpo que da gusto. Una buena taza humeante tomada en cualquier rincón de la fiesta en la fría hora de la amanecida sienta a un estómago seguramente machacado por los rigores de la noche como una bendición. Hay que saber qué se va a hacer antes de tomarlo: a unos les manda directamente a la cama; a otros les sienta como una inyección de energía y les pone otra vez en danza.
Vela de lloros Imprescindible para despedir las fiestas cuando, en la noche del 14 de julio, llega la hora de entonar el Pobre de Mí. "Pobre de mí, pobre de mí, que se han acabao las fiestas de San Fermín", dice la coplilla. Después, al grito de "Ya falta menos", se sopla el cirio y a abrevar otra vez.
Churros calenticos Churros crujientes. Los barbis proceden de la Mañueta. Alimentan dando placer y son un obsequio adecuada para regalar al marido o a la esposa cuando el personal llega a casa a hora intempestiva y con el melón hecho unos zorros. Hay que comprarlos ahora. La churrería está cerrada prácticamente durante el resto del año.
Al rojo vivo Pañuelo rojo. Es la prenda oficial de la fiesta. Sin ella, el ciudadano se siente totalmente extranjero. Los hay totalmente rojos, los más tradicionales, y con todo tipo de escudos bordados. Los más lógicos son los del Ayuntamiento de la ciudad y los de las Peñas de la misma. Entre estos últimos, dependiendo de la vestimenta de la sociedad, los hay también azules y verdes.
Mira al pajarito Cámara plastificada con insolente muñeco que hace piiiii cuando surge después de que el usuario pulse el disparador. Es broma rancia y pasada de época a la vista de los nuevos artefactos diseñados por la tecnología moderna. Define al hortera y al palmera.
Boletos millonetis Son los que reparte la tómbola benéfica que Cáritas Diocesana instala en el Paseo de Sarasate. Lo de menos son los premios que reparte, que siempre hacen ilusión por exiguos que sean. Lo importante es que es un dinero gastado en ayudar a los más necesitados.
ZZZ. Para dormir la mona Es la bota oficial de Pamplona, rematada en piel curtida y con su correspondiente cinta de bandolera y gollete de chorro fino. Artefacto casta donde los haya, da al tintorro un sabor especial. No hay que usarla si no se conoce su complicado mecanismo: la pechera de la camisa acabará hecha una porquería.
Diario multiusos El periódico multiusos de la ciudad es, sin duda, DIARIO DE NOTICIAS. Da una información excelente sobre el devenir de la fiesta, con él se corre el encierro que da gusto (es lo más parecido que se conoce al capotillo del Santo), y además sirve para envolver el bocata y hacer sombreros con los que combatir los rigores de Lorenzo en la chicharrina del tendido.