la plaza Consistorial, que el 6 de julio recibe con alegría desbordada las fiestas de San Fermín, se convierte tras nueve agotadoras jornadas en un lugar de despedida.
Miles de gargantas rotas y de cuerpos agotados por el cansancio se darán cita con la tradicional vela que iluminará la tristeza en el semblante. De los labios saldrá el "Pobre de mí, pobre de mí, que se han acabau las fiestas de San Fermín".
Letrilla popular que suele ir acompañada de otra frase igualmente castiza: "Ya falta menos p'al glorioso San Fermín". El recuerdo de los momentos vividos durante las 204 intensas horas de diversión serán el mejor aliciente para animar un espíritu que, en muchos casos, necesita imperiosamente una urgente cura de sueño.
A las 12 de la noche desde el balcón consistorial, el alcalde transmite a sus conciudadanos un mensaje de despedida, al tiempo que les emplaza para el próximo año. Los forasteros presentes serán también invitados a acudir nuevamente a Pamplona para disfrutar en armonía de los Sanfermines.
Muchos prolongarán la noche reacios a admitir lo evidente. Pero ellos saben que si les sorprende el alba, despertarán súbitamente de su sueño para ser atrapados por las primeras luces de la ciudad real y cotidiana.