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MISTERIO en la Merindad
ASESINAR a una persona suele traer consigo una larga condena. Pero para ello, el acusado debe ser encontrado culpable y no en todos los casos se da esta circunstancia. En la Merindad podemos encontrar dos de estos casos. Los autores de los crímenes de Urbasa (1995) y de Olejua (1997) nunca han sido condenados ya que los investigadores no han podido esclarecer los hechos hasta el día de hoy

A.PEREZ BUENO - Estella
N asesinato sin resolver siempre está rodeado de un halo de misterio hasta que la justicia consigue hallar un culpable. En el caso de la Merindad de Estella, también se puede hablar de casos sin resolver. El crimen de Urbasa en 1995 y el de Olejua en 1997 son dos ejemplos que en su día conmocionaron a los habitantes de la zona y que aún hoy no se han podido resolver. Las investigaciones de cada caso estuvieron rodeadas de extrañas circunstancias que hicieron más trágicos si cabe los fallecimientos de Juan José Urrutia en Urbasa y de Javier Gastón en su granja de Olejua. En el caso de este último, los 47 días que permaneció en paradero desconocido alargaron el sufrimiento de todos sus familiares y amigos.
Angustia en Olejua Cuando el vecino de Piedramillera, Javier Gastón, no volvió a dormir a su casa el 20 de octubre de 1997, comenzó la angustiosa búsqueda de este joven de 29 años, que trabajaba como ganadero en su granja de Olejua. Alarmada por la ausencia de Gastón, su esposa dio el aviso al día siguiente y un grupo de personas comenzó a rastrear los alrededores de la granja de cerdos, lugar en el que se le vio por última vez.
Las manchas de sangre encontradas junto al tractor de Gastón hicieron que las primeras impresiones sobre su paradero fueran pesimistas. Junto a los voluntarios de la zona, bomberos, medio centenar de agentes de la Guardia Civil e incluso una treintena de militares del Ejército español tomaron parte en las tareas de búsqueda.
Los rumores sobre la desaparición del joven ganadero fueron constantes. Unos decían que habían visto un coche desconocido por la zona en los días anteriores, otros que se escucharon gritos la noche del 20 de octubre, etc. Todos estos detalles y las diferentes hipótesis que barajaban los investigadores del caso hacían complicado hacer una reconstrucción de los hechos. La incertidumbre de si Javier Gastón estaría con vida hacía todavía más angustiosa la búsqueda.
Fue 47 días después, el 6 de diciembre, cuando un voluntario de Cruz Roja encontró el cadáver del ganadero en una acequia situada a dos kilómetros de la granja. El cuerpo estaba en avanzado estado de descomposición y presentaba un golpe mortal entre la mandíbula y el cráneo. Los peores temores se confirmaban.
El hallazgo del cadáver se logró gracias a las predicciones de una vidente de Urretxu, quien aseguró que el cuerpo sin vida estaba cerca de una acequia. Fue la culminación de una tragedia que todos temían desde el inicio pero que nadie quería ver confirmada.
Las investigaciones posteriores han intentado lograr alguna pista, pero todavía no se ha podido hallar a la persona que asesinó al joven ganadero Javier Gastón. Así mismo, tampoco se ha podido encontrar una razón para que alguien llegase a cometer un crimen de este tipo.
Ajuste de cuentas en Urbasa El 18 de abril de 1995 aparecía muerto con un tiro en la nuca Juan José Urrutia. Un vecino de la localidad alavesa de Alegría de Álava halló el cuerpo sin vida de este donostiarra cuando paseaba por la pista forestal de la Junta de Limitaciones de la Améscoas. El asesinato de este donostiarra de 32 años no ha sido resuelto tras casi siete años de investigación en los que se han realizado varias detenciones, pero en los que nunca se han llegado a encontrar pruebas definitivas.
El fallecido, casado y con tres hijos, fue relacionado desde un primer momento con el tráfico de drogas y el negocio de la compra-venta de vehículos. Además, se supo que hasta poco antes de su muerte regentó en el barrio de Intxaurrondo de San Sebastián un picadero.
Tras encontrar el cadáver de Juan José Urrutia, los agentes desplazados hasta el lugar encontraron un Ford Fiesta rojo que estaba registrado a nombre de la esposa de la víctima. Junto a él, se encontró un detalle que aunque no aportó ninguna prueba, dio muestra de las extrañas circunstancias que rodearon este crimen; un papel situado bajo una bala del calibre 9 mm. Parabellum llevaba la siguiente inscripción: "Caíste...ja, ja". El macabro aviso apuntaba al ajuste cuentas.
Con el paso de los años, las declaraciones de diversos testigos han ido confirmando la relación de Urrutia con el tráfico de drogas. Según se pudo saber, la Policía Nacional tuvo su teléfono intervenido y se llegó a registrar su negocio en San Sebastián a raíz de una denuncia anónima recibida en 1994.
Los sospechosos de haber asesinado a Juan José Urrutia son cuatro hombres que tienen un oscuro pasado y con varias detenciones anteriores. Manuel Hernández, ex policía nacional que estuvo implicado en un intento de golpe de estado en Guinea; José Ignacio Gómez de Segura, que fue agente de la Ertzaintza y que había estado detenido por su relación con varios cargamentos de tabaco; Alfonso Mendoza, que fue guarda jurado y confidente de la Guardia Civil; el cuarto sospechoso es Celestino Moreno, de quien lo único que se sabe es que es camionero.
Las últimas líneas de investigación abiertas apuntan a que Juan José Urrutia no pagó una deuda relacionada con la droga y que sus asesinos los llevaron hasta Urbasa, donde decidieron matarlo disparándole un tiro en la nuca. Posteriormente abandonaron el cuerpo en el lugar y el coche de la víctima fue trasladado hasta el lugar donde comienza la pista forestal de la Junta de Limitaciones.
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| LAZAGURRÍA
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UN CRIMEN QUE CONMOCIONÓ A LA LOCALIDAD
El 20 de marzo de 1999, la estanquera de Lazagurría, María Ángeles Sanz de Vicuña, fue violada y asesinada brutalmente en su propio estanco. Los magistrados que juzgaron al acusado, el portugués Víctor Manuel Da Conceicao, lo encontraron culpable y le condenaron a 28 años de cárcel. Según los jueces, la víctima, que tenía 61 años, volvía de misa con varias vecinas de la localidad cuando se encontró al agresor a las puertas de su establecimiento.
Al parecer, Da Conceicao, de 26 años, fue a comprar tabaco y una vez dentro del estanco sacó un cuchillo de grandes dimensiones con el que amenazó a María Ángeles Sanz de Vicuña para que mantuviera relaciones sexuales con él. La sentencia de los magistrados que juzgaron el caso, indica que ante la oposición de su víctima, el súbdito portugués propinó tres cuchilladas y varios golpes a la estanquera, quien murió después a consecuencia de las heridas. El asesinato de María Ángeles Sanz de Vicuña causó gran conmoción en Lazagurría, una localidad de 236 habitantes que vio como un suceso de estas características alteraba la habitual tranquilidad.
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