Crítica Constructiva Medioambiental

¡Tirón de orejas al Valle de Allín!

por Juan l. Erce Eguaras - Sábado, 8 de Octubre de 2016 - Actualizado a las 06:07h

Los días 11, 12 y 15 el Valle de Allín acoge una competición internacional de motos, en la modalidad enduro, al igual que otros valles en diferentes jornadas. Unas setecientas motocicletas van a recorrer parte de los montes comunales de varios pueblos, dejando una estela de ruido endiablado, deterioro del suelo e impacto medioambiental. Ya había algún antecedente previo, pero parece que ahora la cosa va un poco más allá, del mismo modo que el proceso de degradación del espacio natural. Hoy me centraré en los valles de Allín y Améscoa, a los que aprecio especialmente: por mis raíces, sus gentes y por su riqueza en flora y fauna.

El efecto llamada hacia la reserva del Nacedero del Urederra y la Sierra de Urbasa, y la consiguiente masificación de turistas, han hecho que el incremento de vehículos en la carretera de Estella a Olazagutía, entre otros indicadores que perturban, haya alcanzado niveles alarmantes. Si a esto sumamos el tránsito casi incesante de motos de gran cilindrada, a menudo en actitud de competición pseudo deportiva;así como el de turismos deportivos de alta gama en similares circunstancias, algunos vehículos pesados y no pocos ciclistas, obtenemos datos muy dignos de preocupación. Estos factores se incrementan exponencialmente en función de la climatología: a más calor, mayor afluencia.

No comprendo por qué ahora las autoridades de los valles acogen una competición de enduro que va a durar nada más y nada menos que seis días y, sobre todo, cómo el Gobierno de Navarra promocionan un evento así. ¿Qué intereses existen para que esto suceda, cuando, por otro lado, los responsables de Medio Ambiente son para otras cosas tan puntillosos? ¿Se han preocupado del coche que yace desde hace años en una de las regatas de Echávarri? ¿Les interesa el aumento de vehículos sin ningún tipo de control que surcan nuestros montes? ¿Están al tanto de la contaminación por filtraciones y otros problemas que suceden en los acuíferos? O bien, ¿hacen la vista gorda cuando conviene? Como en el caso de la tala masiva de hayas en Larraineta, por poner un ejemplo, de la que quizá un día debería ocuparme de escribir con más extensión. Parece que estos comportamientos vayan siempre de la mano de intereses…, vuelvo a repetir, que no alcanzo a comprender.

Esta permisividad y línea de actuaciones escapan a mi lógica racional y, de verdad, pienso que hoy en día sólo interesan los aportes económicos, vengan de donde vengan, aunque perjudiquen. En este último apartado queda por supuesto incluida nuestra Naturaleza, hasta hace poco casi salvaje y ahora casi convertida en un parque descafeinado. Los periodos tan dilatados de sequía tampoco ayudan, lo mismo que el predominio de los vientos del Sur, el consiguiente bochorno crónico y las anormales temperaturas, fuera incluso de la estación veraniega. Pero, no importa, ¡a río revuelto ganancia de pescadores!

Podría extenderme hasta la saciedad exponiendo las anomalías que contemplo en las sierras septentrionales de Tierra Estella: suciedad, pérdida de masa forestal, contaminación acústica, aumento espectacular de marcas de vehículos, pintadas de recorridos, cintas de plástico, andamios y demás elementos artificiales que convierten el monte en algo ya no tan grato de frecuentar. Pequeños granos de arena que se van sumando y acaban formando un montón que nos llega hasta más arriba del cuello, que ahoga y asfixia. Porque lo que ha costado formarse millones de años somos capaces de destruirlo en unas décadas, y quizá ya no se vuelva a recuperar nunca.

Además, en el peor de los casos, el norte de Tierra Estella podría dejar de beneficiarse del clima Atlántico, húmedo y fresco;para entrar bajo el influjo del clima Mediterráneo de predominio sahariano, con entrada por el Valle del Ebro y la Depresión Estellesa. Esto último, unido a las perniciosas actividades humanas, y sin ánimo de ser agorero, dañaría seriamente los bosques de hayas, dejando también muy tocados los robledales y encinares;convirtiendo al final Urbasa en un páramo yermo, una estepa, y las laderas donde se asientan robles centenarios en monte bajo.

Tampoco es imposible que un día se secara el Nacedero del Urederra, o el de Itxako, si las precipitaciones y los bosques van a menos y se perforan nuevos acuíferos sin control. Imposible no hay nada, aunque espero que no suceda jamás. Pero, por si acaso, espero que estas líneas nos sirvan de reflexión, sobre todo a la hora de no alentar o favorecer más actividades contra el medioambiente.

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