Ópera

Pucciverdianos

Por Teobaldos - Domingo, 9 de Octubre de 2016 - Actualizado a las 06:08h

Recital del tenor Gregory Kunde

Coro: Orfeón Pamplonés (director Igor Ijurra). Orquesta: Sinfónica de Navarra, dirigida por Ramón Tebar. Programa: obras de Verdi, Puccini y Leoncavallo. Programación: ciclo de la Fundación Baluarte. Lugar: sala principal. Fecha: 6 de octubre de 2016. Público: lleno (44, 36, 24 euros, con rebajas jóvenes).

Fue una fiesta de lo que llamamos gran ópera italiana (con perdón de Monteverdi), o sea la compuesta por Verdi y Puccini, los más queridos del género entre un público que, al maestro Ochoa de Olza gustaba llamar “pucciverdiano”. Máxime, si se interpretan los coros y arias más conocidos, esas que, cuando se asientan en la voz de un tenor de fuerza que alterna el lirismo con el más puro dramatismo, emocionan hasta la lágrima;y aquellos -los coros- que, sin caer en la rutina interpretativa, nos llevan al mayor espectáculo sonoro.

Si el público acabó el recital puesto en pie, aplaudiendo a rabiar, es porque todos los intérpretes implicados hicieron una gran representación de ópera. El coro: equilibrado, sonoro pero no chillón, con muchos matices -algunos en pianísimos increíbles-, dando la vuelta a versiones rutinarias de las conocidísimas partituras. La orquesta, francamente soberbia, con garra, delicadeza de acompañamiento y aportaciones solistas impecables, sin duda una de las mejores prestaciones operísticas del conjunto. Gregory Kunde que, sobre todo en la segunda parte, desde esa zona de plenitud sonora en el agudo, y desde la entrega y el corazón magnánimo, emocionó y conmocionó con su Pagliacci (Leoncavallo) y su Otello final;y, sobre todos ellos, el titular de la velada, el joven Ramón Tebar, que, sin duda, fue la revelación de la tarde, al dirigir siempre con pulso dramático, teatral, cuidadísimo con las voces, o sea, operístico.

A Gregory Kunde -un tenor que está viviendo una segunda carrera interpretativa, después de aquel Rossini que le escuchamos aquí, en Baluarte- le perdonamos que, a veces, cambie de color de voz según la tesitura en la que se mueva;pero es que nos envuelve su brillo, en la zona aguda, su timbre de spinto nos lleva a la gran tradición de voces verdianas, hoy tan escasas. Comenzó su recital con la Celeste Aida, o sea, con la misma dificultad que la propia ópera: en frío, una de las arias más complicadas del repertorio. La salvó con hermosos agudos, aunque en los pasajes piano se nos pierda un poco la intensidad;no obstante, a mí me recordó el Radamés verdiano que se escuchaba antes: grande y heroico. “Oh tu, che in seno” de La Forza fue el aria más homogénea en la línea de voz y canto, soberbia. Como Donna non vidi mai de Puccini. Vesti la giubbay Otello fueron la cumbre de la emoción, por vocalidad y dramaturgia;ahí donde el aficionado pucciverdiano casi ve la sangre en la garganta.

El Orfeón, como va dicho, en esta apertura de temporada, se presentó con un sonido muy hermoso: potente, empastado, dúctil, equilibrado en sus respectivas cuerdas y en conjunto, sin despuntes en sopranos. Hizo un Gloria all’Egitto, muy matizado, claro en la subdivisión de voces, sin que se apoderara el griterío victorioso;con un delicioso matiz piano en mujeres, e irrupción contrastada en hombres. El Va pensiero, en su sitio, comedido, pero sin caer en la blandenguería. Más que correcto el complicado coro de Otello. La orquesta - y el director, claro- tuvo una tarde de referencia en cuanto a la interpretación operística: enérgicas y rotundas Vísperasy Forza;siempre con el drama de fondo;trompeta solista (Aida) incisiva pero cálida, con muy bello pianoen eco;clarinete solista (Tosca, La Forza) con precioso sonido y fraseo vocal;metal empastado con un subrayado de la cuerda frondoso (La Forza), lirismo y un rubato bien trabajado en Manon, y, en fin, motor y medio expresivo del que parte todo el canto desarrollado. Y cada obertura, resumen de los estados de ánimo de la ópera respectiva. Cómo me gustaría ver a este director en una ópera completa. De propina, el Nesun Dorma: el público aplaudió sin dejar que la pieza acabara. Apoteosis. Muy bien los supratítulos con los textos de las arias y coros. Se agradecen.

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