A la contra

El ocio y el vicio

Por Jorge Nagore - Domingo, 9 de Octubre de 2016 - Actualizado a las 06:07h

Lo lógico sería -visto el tiempo libre que tienen- que el 10% de los futbolistas fuesen físicos nucleares, otro 10% cirujanos cardíacos y entre un 60 y un 70% licenciados en diversas carreras, expertos mundiales en cualquier cosa y algunos referentes universales en sus distintos campos. Dejemos que un 10%, por falta de talento natural más allá del de perseguir o conducir un balón, se dedicase a jugar a la play, leer el Marca, ver Armaggedon, ir de compras y a la peluquería constantemente, tratar de follarse a todo lo que se mueve, grabarlo así no cuente con el permiso de nadie, y estas cosas que cada vez se estilan más en Chonispaña. Pero, insisto, dado que es un deporte que rara vez exige entrenamiento mañana y tarde y que el máximo de entrenamiento no suele exceder jamás de 3 horas como mucho, eso les deja al día unas 13 horas libres no ya para cultivarse, no, para sembrarse dentro el universo entero y regarlo sin dificultad. Un trabajo de 3 horas al día con el que pagas todas las comodidades y necesidades de esta vida y varias más deja el suficiente sosiego mental y la suficiente paz interior como para que la inmensa mayoría de los futbolistas de elite fuesen cualquier cosa que quisiesen, al margen de carrilero izquierdo. Pero no sucede así, sino más bien al contrario -con las lógicas excepciones-, lo que nos hace pensar en dos opciones: o bien el éxito en una faceta de la vida anula la voluntad para buscarlo en otras o aniquila otros posibles talentos si los hubiere o bien para ser futbolista profesional no hace falta inteligencia de clase alguna más allá de cualidades físicas y el cerebro de un tonto de remate pero capaz de visualizar 7.000 metros cuadrados. Visto el nivel medio, lo realmente extraño es que no salgan a la luz muchas más situaciones como las de Eibar de esta semana. Porque esa gente, los futbolistas de elite, son un ocioso polvorín.

Últimas Noticias Multimedia