Dar de tu vida

Luis Beguiristain - Lunes, 10 de Octubre de 2016 - Actualizado a las 06:07h

¿Qué podrías dar de especial si en tu mente solo cabe el plano material? Podrás dar un poco de servicio a los demás a través de tu trabajo, y podrás dar un poco del dinero que te sobra para compensar lo que le falta a otro, pero si te conformas con eso, no habrás hecho gran cosa para que la vida humana mejore en la calidad de su alma conjunta. ¿De qué sirven las poesías bonitas y los deseos que no tienen más fuerza que la savia de las flores? ¿Acaso dar la vida sería arriesgarla sin necesidad para dejar ya de estar aquí o dar trabajo de añadido a los médicos? ¿Cuánta gente quiere reflexionar en estas cosas? Hay amigos que me han dicho directamente: “no leeré tus cartas porque tocas temas que no me interesan”. Lo que no les interesa es esforzarse en cambiar sus vidas. Y tampoco conocerme demasiado a fondo, porque tienen miedo de encontrar dentro de mi alma algo que rebote demasiado fuerte en las suyas. Toda la vida humana es una cuestión de autenticidad. La autenticidad ha de llevar a buscar la cultura normal, y la cultura normal en una persona auténtica ha de llevar a buscar la cultura del alma. La verdadera, no la que han predicado las religiones. Pero cuando la gente no es auténtica se convierten en unos depravados que pierden el sentido de la valoración de la conciencia. Y entonces dicen: “Dios no existe, ¿no ves que no hay justicia en la vida?”. Yo les respondería: ¿cuál es el grado de autenticidad de tu alma? ¿O crees que por dejar de hacer examen de tu conciencia Dios va a dejar de juzgarte? Por eso, cuando llegan al límite de sus vidas, a muchos les entra la obsesión de estar en una continua y enfermiza hiperactividad para no hacer un verdadero examen de su vida y su alma. Uno solo puede dar lo que es: la tasa vibratoria que emana de su espíritu. Sea con la fuerza de un gorrión o con la potencia callada y refinada que atraviesa a toda una humanidad.

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