Alberto Manguel escritor, traductor, crítico, experto en bibliotecas

“Un lector es una figura peligrosa para la sociedad”

El autor argentino compartió ayer con los asistentes a los ‘Encuentros Civican’ los entresijos de su obra más reciente, ‘Una historia natural de la curiosidad’

Una entrevista de Ana Oliveira Lizarribar Fotografía Iban Aguinaga - Martes, 11 de Octubre de 2016 - Actualizado a las 06:09h

Alberto Manguel, caminando ayer por la vieja Pamplona.

Alberto Manguel, caminando ayer por la vieja Pamplona.

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Alberto Manguel, caminando ayer por la vieja Pamplona.

pamplona- Recientemente nombrado director de la Biblioteca Nacional de Argentina, Manguel (Buenos Aires, 1948) se reconoce curioso y ávido lector desde niño. “Siempre he encontrado en la literatura un espejo del mundo y de mí mismo”, dice, y anima a los lectores a liberar su curiosidad innata para no dar por buena la información que nos traslada una realidad en blanco y negro y para ser capaces de hacer preguntas que, más que respuestas, conducen a preguntas mejores.

¿Por qué decidió escribir un libro sobre la curiosidad?

-Porque soy curioso (ríe). Toda persona consciente vive en el mundo haciéndose preguntas. Buscamos saber quiénes somos, dónde estamos, cuál es nuestra responsabilidad en el mundo a través de esas preguntas.

Al leer su biografía y algunas de sus obras, da la sensación de que Alberto Manguel siempre fue muy curioso.

-(Ríe) Todos lo somos. Venimos al mundo como seres curiosos, el ser humano aprende a sobrevivir en el mundo a través de la curiosidad, que nos enseña cómo hacernos camino, cómo vivir mejor... Y el niño viene al mundo haciendo preguntas. Desgraciadamente, nuestros sistemas educativo, por lo general, acaban extinguiendo esa curiosidad, o, al menos, reprimiéndola. Si no tenemos la suerte de tener una maestra o un maestro iluminados, la educación acaba siendo un catequismo, con preguntas prefijadas y respuestas consabidas. Y no se permite ese juego de la curiosidad abierta hacia lo desconocido, donde no hay respuestas, sino mejores preguntas.

De hecho, pasa muchas veces que un niño o niña que siempre pregunta algo inesperado es calificado de incómodo o difícil.

-Es cierto. Las preguntas suelen incomodarnos porque nos quitan la seguridad del lugar que ocupamos. Y las sociedades en las que vivimos no quieren que se las incomode.

En este libro creo que se ha dejado guiar por una obra y un autor emblemáticos, La Divina Comedia, de Dante, ¿por qué este título para este tema?

-Siempre he encontrado guías en la literatura. Desde niño he recorrido el mundo a través de los libros, he conocido gente a través de ellos, mis primeras amistades fueron literarias. Hace unos 10 años empecé a leer a Dante y me encontré una obra casi infinita, la recorro todos los días, leo un canto cada mañana y siempre encuentro novedades, así que cuando decidí escribir un libro sobre la curiosidad, quise ver si en una obra que me importaba podía encontrar las respuestas que me interesaban. Y así fue, todo está en La Divina Comedia. Estructuré el libro sobre la base de 17 preguntas, empezando por una anécdota personal, en la que cuento cómo la pregunta surgió en mi vida;luego muestro cómo esa misma pregunta se desarrolla en Dante y, a partir de ahí, cómo se encarna en nuestro mundo actual.

En la obra también se deja guiar por otros escritores y pensadores, algunos muy conocidos, otros más íntimos y personales, ¿son los libros un consuelo cuando se siente desorientado o confuso en este mundo? ¿Es la lectura una tabla de salvación?

-No hay tabla de salvación porque estamos condenados (ríe). Los científicos nos han dado una fecha para la cual debemos cambiar nuestro modo de vivir, si no, acabaremos con el Planeta o lo convertiremos en un lugar donde solo sobrevivirán las hormigas. En todo caso, mientras duremos, encuentro en las bibliotecas una cierta consolación. No somos del todo malos, la mejor parte de nosotros se manifiesta en nuestra actividad artística, y nuestros libros nos muestran qué es lo que puede hacer el ser humano con su mejor parte. Desde niño, siempre he encontrado en la literatura un espejo del mundo y de mí mismo.

Hace unos días, Pierre Lemaitre afirmaba que la literatura nos explica mejor que cualquier tratado de psicología. Y él fue psicólogo antes que novelista.

“Desde niño he recorrido el mundo a través de los libros, mis primeras amistades fueron literarias”

“Venimos al mundo como seres curiosos, aprendemos a sobrevivir en el mundo a través de la curiosidad”

“No somos del todo malos. La mejo

-Los psicólogos -Freud, Jung- siempre han dicho que la literatura explica más sobre el comportamiento de la mente humana que un texto científico. Y nosotros lo sabemos. Se han hecho estudios que muestran que el conocimiento de la moral, de la empatía, se aprende mucho mejor a través de la literatura que a través del ejemplo social incluso. En ese sentido, la literatura es nuestra guía en la vida, aunque, desgraciadamente, no insistimos con suficiente importancia sobre este aspecto. Hacemos creer que es algo para entretenerse, y no es cierto.

Que no insistimos en su importancia está claro, las cifras hablan: según un estudio del CIS, más del 36% de los españoles no lee nunca. Demoledor.

-Nunca los lectores han sido mayoría, al revés, siempre han sido minoría. No sé muy bien cómo se explica esto, salvo que un lector es una figura peligrosa para la sociedad;aprende a reflexionar, a cuestionar, a ser curioso. Y esa curiosidad molesta a la sociedad porque la obliga a reflexionar sobre sí misma y a cambiar. Vivimos siempre en la tensión entre la sociedad, que quiere permanecer incólume, y el individuo que quiere cambiar, que quiere seguir adelante. En ese sentido, la lectura es una actividad subversiva que la sociedad no promociona o incluso castiga. Los planes nacionales de lectura son meras decoraciones, no funcionan, la única forma en la que podemos enseñar a leer es con el ejemplo y la pasión propia. Por eso, lo que hacen falta son maestros y bibliotecarios apasionados;ellos sí logran a veces crear lectores, porque no los vamos a crear mostrando una foto de una señora elegante o de un jugador de fútbol.

Hemos creado un sistema que nos prefiere a todos uniformados y poco curiosos, pero también es nuestra responsabilidad individual si decidimos seguir esas consignas o no.

-El sistema somos nosotros y, en efecto, somos cómodos. Hay una tendencia a dejarnos estar que es tan fuerte como la ley de la gravedad. Si aceptamos esa ley como una ley que no podemos infringir, nunca nos moveríamos, pero el ser humano necesita caminar, danzar, ir hacia delante y hacia atrás, así que tenemos que luchar contra esa ley si queremos vivir. Por eso Flaubert le decía a una amiga en una carta ‘lee para vivir’.

Ha mencionado a los bibliotecarios, una figura que quizá hoy se encuentre en crisis por la preponderancia de Internet.

-Pero es que esto no es nuevo. En Alejandría, los bibliotecarios ya se enfrentaron al mismo problema cuando tuvieron que pasar de la tablilla de arcilla o de la estela de piedra grabada al rollo de papiro o al rollo de pergamino. Tenían que incorporar materiales diversos sobre soportes diferentes, y cada uno implicaba formas de lectura distintas. Los que preferían el rollo de papiro veían la tablilla como algo anticuado y los de la tablilla decían que estaban acostumbrados a ese formato y no se veían capaces de cambiar. Toda la tecnología tiene influencia sobre el texto que contiene, aunque el texto sea el mismo. Ese es un problema que hemos tenido siempre, y la obligación de los bibliotecarios desde Alejandría hasta ahora es tomar en consideración todas las tecnologías y saber que la última no lo es, ya que pronto habrá otra nueva para la que tenemos que estar preparados. Ninguna tecnología es definitiva ni absoluta y cada una determina una forma de leer que debe ser tenida en cuenta.

¿Qué hacer cuando nos enfrentamos a una grandísima biblioteca desordenada como es la red, habida cuenta, además, la cantidad de datos e información falsa que se da por cierta?

-La naturaleza de toda biblioteca es tener una ambición ilimitada. De todos modos, Internet no lo contiene todo, aunque ofrece esa ilusión. El problema es doble. Uno, hay que enseñar que de una biblioteca que dice que lo contiene todo no se deduce que sus usuarios lo sepan todo;y dos, que una biblioteca que parece contener todo es inútil si no se dispone de un instrumento de búsqueda que permita acceder a lo que se quiere conocer. Y para eso también se tiene que saber qué se está buscando.

Hoy creemos estar mejor informados que nunca por esa facilidad para acceder a la información de manera inmediata, ¿pero lo estamos?

-El hecho de tener un acceso casi inmediato a la información, de saber en este mismo instante lo que está sucediendo en el Mar Báltico, por ejemplo, no quiere decir que esa información sea importante. Creamos un clima de necesidad y de urgencia que es totalmente falso, nadie precisa de ese acceso constante. Yo no tengo móvil y sobrevivo perfectamente. Cada sociedad crea su sistema de urgencias y necesidades que no depende tanto de la verdad de los hechos, sino más bien de necesidades económicas y políticas. A un gobierno, por ejemplo, le puede convenir crear un clima de tensión en la población de manera que los ciudadanos acepten medidas casi dictatoriales.

el protagonista

Apuntes biográficos. Alberto Manguel nació en Buenos Aires en 1948, y ha vivido en Israel, Italia, Reino Unido, Tahití, Canadá y Francia. Actualmente es director de la Biblioteca Nacional de Argentina. Ha cultivado el mundo de las letras prácticamente en todas sus facetas: el ensayo, la novela, la crítica literaria, la antología, la traducción y la edición. Entre sus novelas, destacan Stevenson bajo las palmeras o La Puerta de Marfil, pero quizá sea más conocido por su actividad como escritor de no ficción gracias a su Breve guía de lugares imaginarios, y a ensayos como Una historia de la lectura o Nuevo elogio de la locura, entre otras obras.

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