Recursos humanos

Poder

Por Maite Pérez Larumbe - Martes, 11 de Octubre de 2016 - Actualizado a las 06:07h

“Mata a ese perro, no se merece vivir”. Recientemente y con estas palabras, una princesa saudí ordenó a su guardaespaldas acabar con el decorador que realizaba su trabajo al confundir sus intenciones. Para qué aclarar la situación si se puede acabar con ella. El planteamiento da para un relato en la estela de las Mil y una noches. El poder absoluto y aniquilador frente a la voluntad de mantener la vida y las estrategias desarrolladas para conseguirlo. El protagonista es claramente el guardaespaldas, en él tiene lugar el debate entre la orden implacable de la princesa y la mirada suplicante del decorador.

Si no con esas palabras, con un pensamiento parecido una docena de estudiantes han pateado en un patio escolar de Palma a una compañera cuatro años menor produciéndole lesiones graves. El motivo, una discusión por una pelota. No hay motivo pequeño si las ganas son grandes.

“Palabras” (¿qué querrá decir?), formula Trump contestando a las críticas por el relato machista de sus andanzas y opiniones. Palabras que cuentan hechos, posiciones, que definen la realidad y califican a un gran grupo, las mujeres, de un modo determinado y con altavoz. Trump dispone también de un variado vocabulario para mejicanos, discapacitados, musulmanes... Es un bocazas peligroso, zafio y omniabarcante, al límite, pero no el único.

Armado con el mismo desprecio como denominador común, hemos sabido estos días que hay quien disfruta de la dominación y lo expande porque entiende que hacerlo le prestigia (el tono no era de confesión ni siquiera de confusión) sobando a otra persona inconsciente, sometida, reducida a la mera presencia, incapaz de respuesta. Ahí parece residir el atractivo de la crueldad, en la ausencia de réplica, en la reducción de la otra persona a puro objeto calificable, predecible, en mero accesorio. En cualquier escala.

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